Opinión / MAY 27 2020

Otra voz, otro ámbito

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Del rey son el poder y la gloria, la vida e integridad propias, las de sus vasallos, su riqueza colosal, la de una guardia de gatilleros y demás incondicionales; dueño y señor de cuanto le rodea. De él emanan autoridad y delegación; gestos mínimos son órdenes, sentencias de muerte, torturas, expropiación o asignación, no apelables. Como polillas, giran en torno a su luz quemante, el heredero, un gerente, joyero y periodista de cabecera, cada uno con funciones precisas; la hechicera, las cortesanas, de propiedad confiada a sus segundos. 

Lobo es el Artista con mayúscula, sumado al séquito por mérito propio, tras agradar al rey con el acordeón y sus corridos en una cantina de los bajos fondos. En aquel feliz instante, las balas del monarca, descargadas en el mezquino briago que pretendió negar el valor de su arte, ofendiendo de paso a la majestad en persona, abrieron para el cantante repentista, las puertas del palacio. Ya adentro, su creativa en desborde, alimentada con relatos inverosímiles de los vivientes, hizo méritos para permanecer, para extraviarse en los laberintos de la mansión y de sus ardores, puliendo con talento de juglar maestro, cantos de armas, de sangre, de negocios logrados, de andanzas y hazañas delictivas del rey. La rutilante épica narco con sus sabidos desenlaces.

Yuri Herrera, mexicano, nativo de Actopan, Estado de Hidalgo —1970—, premio Otras voces, otros ámbitos —2008— por su novela breve Trabajos del reino, descollante en la sicaresca mexicana, traza en algo más de 50 páginas, un crudo perfil, por fuerza parcial, del narcotráfico en su país. ¿Relato llano, sin pretensión mayor?, ¿anecdotario intrascendente de lo excéntrico en la esfera narco?, ¿alegoría, un tanto caricaturesca, del hecho socioeconómico, iterado con matices locales en varias naciones del continente? El lector miope y el aventajado juzgarán desde su criterio. A falta de una novela totalizadora del fenómeno, de extensión trasnacional y tentáculos hoy día entrelazados, conforme la audiencia con libretos parciales de efecto morbo-mediático, desde Hollywood hasta la Patagonia, pasando por Miami y el Caribe, el trabajo de Herrera muestra cierta agudeza, ciertos rasgos constructivos entre los cuales el manejo del lenguaje vernáculo de su país cuna, en rara mixtura con un particular ‘barroquismo’ al cual se alude en la solapa editorial, es atractivo resaltable. El ‘periodista’, ejemplo a la mano, hermanado con el artífice de las joyas imperiales, con el Artista que celebra con música y palabras las peripecias heroicas de su regio mentor, con meretrices y sicarios de toda condición, y cuya labor es velar por el relato del amo del tinglado lavando inmundicias, representa, para quien desee comprenderlo en su valor parabólico, la sumisión, el avasallamiento del cuarto poder, reducto de dignidad e independencia en las democracias, a la delincuencia. Cualquier parecido…   


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