Opinión / JUL 06 2020

Paisanos del paisaje

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“Sin paisanos, no hay paisaje”, fue la frase que escuché del arquitecto Juan Carlos Olivares Castro en un foro sobre las oportunidades y desafíos del Paisaje Cultural Cafetero en Quindío, refiriéndose a la relevancia del factor humano en la consolidación del PCC como Patrimonio de la humanidad y en el fortalecimiento de todo aquello que, como región, nos hace únicos y atractivos para el mundo.

Un paisano es una persona que ha nacido en el mismo territorio que otra, condición que genera identidad de terruño y como consecuencia, afinidades e intereses compartidos, en torno al arraigo hacia él. 

Somos los llamados a mantener este espacio en toda la dimensión de su grandeza, educarnos en su conocimiento y salvaguarda y, por supuesto, ser embajadores de nuestro lugar, así como anfitriones excelentes con los visitantes.

¿Qué nos corresponde?

Primero. Conocer nuestro PCC, entenderlo, saber de qué hablamos cuando nos referimos a él, pues va más allá de unas características particulares en lo arquitectónico y urbano y de una estética especial. Los balcones de colores, las casas de pasillos amplios y la hermosura de los cultivos, primero de color verde profundo, luego de un blanco inmaculado –en el instante de la florescencia– y finalmente de un rojo goloso que estalla ante las pupilas en el momento de la madurez del fruto, son una mínima parte de su riqueza conceptual y simbólica.

Segundo. Apropiarnos y enorgullecernos. El PCC, más que un referente estético, es una manera de ser de las personas y comunidades. Hemos de transpirar emoción como hijos del Quindío, ser el mejor aroma que reciban propios y extraños y hacer de los rasgos de la idiosincrasia cafetera: pujanza, amor por la tierra, amabilidad, calidez… conductas conservadas y elegidas que dejen huella en quien nos visite.

Tercero. Apoyar a las familias cafeteras. Existe un reto para los gobiernos de todos los niveles en cuanto al mejoramiento en las condiciones de vida de los hogares que se dedican al cultivo y sus actividades complementarias. Deben mejorar la accesibilidad a las zonas rurales y su conectividad, los servicios de todo orden –domiciliarios, salud, educación, etc.– y las oportunidades de mercadeo y desarrollo de negocios. Es fundamental que, desde la ciudadanía, aportemos, por ejemplo, consumiendo productos producidos localmente.

Cuarto. Ser embajadores y anfitriones. Este mar verde que habitamos; este paraíso multicolor, colmado de trinos y aromas; este lugar de cordillera azul y guayacanes florecidos; este espacio de tulipanes y heliconias exóticas; merece ser visto por ojos de todos los países y culturas. Los oídos del mundo pueden deleitarse con el cantar de nuestras aves, el rumor de nuestros ríos y la sinfonía única del viento entre las hojas de los guaduales y nogales. 

Invitemos a todos a contemplarnos y no solo en presencia física… también usando las nuevas tecnologías, potenciando las iniciativas que en materia de turismo virtual se están fortaleciendo. Mantengamos la piel de la tierra puesta sobre el alma porque… somos los paisanos de este magnífico e incomparable paisaje.

 


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