Opinión / ABR 16 2020

Para no olvidar

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Cuando Visitación, la india al servicio de los Buendía, le advierte a José Arcadio sobre la llegada de la peste del insomnio, el alucinado patriarca responde: “Si no volvemos a dormir, mejor. Así nos rendirá más la vida”. Sabemos que la preocupación de la mujer no se cifra en las consecuencias de no dormir, sino en la certeza de que esa condición evoluciona “hacia una manifestación más crítica: el olvido”. 

En efecto, la peste alcanza a toda la familia Buendía y de ahí se expande a todo Macondo. Convencido del contagio, José Arcadio toma la iniciativa de implementar medidas que impidan la propagación a otros pueblos. Nos cuenta García Márquez que a los forasteros “no se les permitía comer ni beber nada, pues no había duda de que la enfermedad solo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y beber estaban contaminadas… Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”. 

Para mitigar el embate de la peste del olvido, es Aureliano quien propone el método de marcar todos los objetos con su respectivo nombre, y es de nuevo su padre José Arcadio quien lo implementa en todo el pueblo. 

Cercados por la incertidumbre de la cuarentena, algunos quisiéramos pensar que esta pandemia que asola nuestros días es una ficción y que entre tanto desconsuelo y noticias terribles pueden ocurrir cosas maravillosas como en los cuentos y novelas de García Márquez. Pero la realidad es ingrata y en ella estamos a merced de otros ‘fabuladores’ más locuaces y menos imaginativos. Son los especuladores y sabihondos que, con más o menos fundamento, hablan de la evolución de la pandemia, de cómo podría mutar el virus, del futuro del capitalismo, de otras amenazas que se ciernen sobre la humanidad y de cómo podría o debería ser el mundo pospandemia. Eso por supuesto está lejos de la clarividencia del personaje garciamarquiano que sabía que a una peste le sucedía otra. 

Para nosotros el olvido no será una peste como en Macondo, pero sí una condición ineludible. Vamos a querer olvidar estos meses que nos confinaron en una vida doméstica, para la que increíblemente no estábamos preparados. Tal vez olvidemos el desespero por no saber qué hacer con tanto tiempo libre, pero no olvidaremos los buenos momentos compartidos en familia, las risas, los juegos, las comidas, las lecturas. Vamos a querer olvidar las cifras y la zozobra por los boletines periódicos que informan sobre los contagios y las muertes, pero no olvidaremos las historias de supervivencia y solidaridad en medio de la crisis. Olvidaremos lo que haya que olvidar, como siempre en la vida, y recordaremos que después de la pandemia no estaremos solos, y volveremos a dormir y a soñar.

 


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