Editorial / MAY 30 2020

Parece que ahora sí

El túnel de La Línea es una promesa incumplida de varios gobiernos, una obra a la que le han caído todos los males, una necesidad para el país y un anhelo de los colombianos.

Nuevamente parece estar cerca la posibilidad de que los colombianos puedan atravesar la cordillera Central. Si al túnel de La Línea no le cae otro mal podrá estar listo a finales de este año. Ya no fue en mayo, como lo dijo en febrero el presidente de la República, Iván Duque Márquez, porque el coronavirus también alteró el cronograma de obra y la nueva fecha parece ser después del mes de septiembre de este año.

Según Juan Esteban Gil Chavarría, director nacional de Invías, en el último trimestre del año se cruzará la cordillera, quedarán habilitados cinco túneles, cinco viaductos, dos intercambiadores viales, doce kilómetros de doble calzada y la puesta a punto de veinte kilómetros de vías existentes. El resto de la megaobra tiene como fecha de culminación el primer trimestre del próximo año. 

Aunque de la obra se lleva hablando casi un siglo, apenas en 2004 comenzaron las obras del túnel piloto. Lo que siguió a partir de allí fue una colección de excusas, falsas promesas, litigios, demandas, incumplimientos, protestas de los trabajadores, visitas de presidentes para anunciar lo que después se incumpliría, viajes de la dirigencia local a la capital de la República en busca de respuestas y soluciones, nuevas licitaciones, cancelación de contratos, contrademandas de los contratistas y por último el coronavirus que paralizó las obras y después de reanudadas las labores ha generado más de cien alertas y por consiguiente afectaciones en diversos frentes del proyecto vial.

Con la habilitación de la obra se espera una reducción en tiempo de viaje de noventa minutos, que mejore la seguridad y se disminuyan los traumatismos viales por esta ruta, una considerable reducción en los costos de operación comercial entre la capital del país y Buenaventura, optimización de tiempos y flujos de transporte de carga y se estimule el comercio exterior. Beneficios que se han venido aplazando por la mala planificación y ejecución de obras públicas que tristemente caracteriza al país.

Con pocas excepciones, la contratación, supervisión y ejecución de obras públicas de gran envergadura en Colombia sugiere desconfianza. Los presupuestos oficiales para desarrollar proyectos que hagan competitivo el país y las regiones y produzcan bienestar, hacen parte de las negociaciones de precandidatos y con ellos se pretende la gobernabilidad que no se busca en las ideas ni escuchando las reales necesidades de las comunidades.

Con cálculos políticos antes que con criterios técnicos se preparan las licitaciones y se le hace seguimiento a las mismas. No es corta la lista de hechos reprochables y bochornosos de corrupción asociados a carreteras, puentes y viaductos, túneles, etc. Sobrecosto es otra de esas palabras que se incorporó a los informes del poder ejecutivo y ante la cual, pese a las denuncias mediáticas y constantes voces de protestas, lo único que pasa es que no pasa nada.

Parece ser que esta vez sí va a estar listo el túnel. Ojalá el tremendo daño ambiental provocado, el sobrecosto generado y la pésima ejecución de la obra sirvan para no seguir cometiendo los mismos errores que tanto le cuestan a los colombianos. Qué bueno que así fuera.

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