Sabado, 19 Oct,2019
Opinión / SEP 22 2019

Pelear tanto es poco saludable

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Todas las parejas, hasta las que mejor se llevan discuten de vez en cuando. Los conflictos, los desacuerdos y los altercados hacen parte de la vida cotidiana de una relación. Existen muchos temas sensibles que llevan a tener divergencias pues no es posible estar de acuerdo en los innumerables aspectos que implica la convivencia. Las peleas ocasionales que no responden a un conflicto grave o a una forma habitual de relacionarse son inofensivas, incluso hacen avanzar, corregir y reflexionar.

En contraste los enfrentamientos frecuentes que se intensifican y se convierten permanentemente en escaladas de agresión o apatía, tienen un alto impacto negativo en el bienestar psicológico de los miembros de la pareja. Se ha demostrado que ser receptor, pero también generador de hostilidad, desprecio o indiferencia representa una carga de tensión muy alta que afecta muchas áreas de la vida. Las confrontaciones de gran magnitud y larga duración, tanto las que se libran en “tiempo real”, como aquellas que se dan al interior de nosotros mismos con lo que pensamos y sentimos, llevan a acumular emociones de rabia, rencor y resentimiento, que además de perjudicar la comunicación, debilitar la confianza y transformar la relación en un campo de batalla, tienen una alta correlación con dificultades de la salud mental y física. 

Un estudio realizado durante varios años y con diferentes parejas por la Universidad de Ohio en EE.UU, pone en evidencia que estar expuestos con frecuencia a enfrentamientos, discusiones y peleas y la tendencia a que los problemas se solucionen con disputas acaloradas, está asociado entre otros, con dificultades digestivas, hipertensión, dolores musculares, problemas del sueño, trastornos de ansiedad, depresión, niveles altos de estrés y uso excesivo de alcohol y cigarrillo.

Mi experiencia con parejas me lleva a afirmar que son varias cosas las que contribuyen a superar los círculos viciosos de las peleas . Por un lado la convicción de que si es posible aprender a resolver los problemas, manejar adecuadamente los desacuerdos y enfrentar con sensibilidad e inteligencia las diferencias y los malos entendidos. De otro, emprender acciones contundentes y sistemáticas de empatía, poner a funcionar la capacidad de aceptar las propias fallas y generar cambios reales y sostenidos. Tiene que ver también con hacer un compromiso conjunto para “parar” antes de que las confrontaciones se intensifiquen. Y por último, aunque debería ser lo primero, tener conciencia de los efectos adversos que tiene vivir en un eterno conflicto sobre la estabilidad y el equilibrio emocional y físico. Si disminuir las peleas mejora la salud, cualquier esfuerzo vale la pena. 

Feliz y saludable día del Amor y la Amistad.


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