Opinión / JUL 11 2020

Pensando junto al virus 14

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Somos un episodio más de la desconcertante serie británica de fábulas distópicas Black Mirror. El más sorprendente e intrincado de la p(l)andemia. Protagonistas forzados de una temporada donde nadie nos esclarece nuestros roles como individuos, familia y sociedad. Nos internaron en nuestros hogares con el celular como compañero y guardián.  

Le dijo David Lyon, a Zygmunt Bauman, en su diálogo sobre vigilancia líquida: “Nos controlamos a nosotros mismos para intentar hacer que nuestra vida en el temor sea más soportable, pero cada intento de conseguirlo produce nuevos riesgos”. Esclavos del computador, el televisor y la radio. Experimento la COVID 19 como una total cirugía planetaria. En este lapso del degradante encierro, convierten el celular en apéndice de nuestro cuerpo. Prótesis transhumanista de nuestras emociones y sentimientos. Sexto sentido tecnológico incrustado la mayor parte del día y la noche, en nuestra carne. Ensamblado a los sentidos del tacto, la visión y el oído. Alguien creará la aplicación para darle sabor a los videos. ¿Hasta cuándo llegará la temporada? Con certeza, serán muchas, con diferentes virus como protagonistas principales. 

La era del capitalismo de la vigilancia, de la sicóloga social Shoshana Zuboff, será uno de los libros imprescindibles para asimilar y enjuiciar desde otros puntos de vista, sucesos como el de la cuarentena y las heterogéneas secuelas del virus. Nos desconectaron abruptamente de la familia, la sociedad, los lugares, las libertades y hábitos, para enchufarnos más a fondo con el celular y las redes. Un nuevo elemento de la cadena trófica. El celular se alimenta del ser humano. Elegante vampiro tecnológico que muta en breves lapsos, como ningún otro ser de la naturaleza. La tecnología 5G es su más reciente y nocivo salto. El mundial encierro no es solo para protegernos del sobredimensionado virus. Los bozales, apretados contra nuestro rostro como metáfora y realidad, estorban lo más vital del ser humano: la respiración. 

Poco se menciona del protagonismo, no tan directo ni visible, que la filosofía transhumanista aporta en este drama p(l)andémico. De la cuarentena saldremos menos humanos. Dóciles para ser conejillos de la biología sintética.  Sloterdijk, en Normas para el parque humano, afirma que el proyecto humanista de domesticación del ser humano mediante la lectura de textos canónicos y el cultivo del progreso cultural, ha fracasado. Ahora el proyecto de domesticación es a través del terror, la implantación colectiva del miedo como ingrediente económico y político persuasivo, en una mediática pedagogía para la sumisión y la duda. De aquí, entonces, que algunos no aceptemos a ciegas el relato distópico sobre la COVID-19, otros que la antecedieron y muchos más que emergerán con los cuales, sin negar su existencia, la OMS y sus satélites pretenden encerrar y embozalar a la población mundial. 

 


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