Opinión / MAY 30 2020

Pensando junto al virus (8)

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Quédate en casa, es la machacada consigna con la cual los gobiernos intentan, temerosos, evitar una explosión social nunca imaginada por escritores de ciencia ficción, futurólogos, sociólogos, politólogos y, mucho menos, por economistas de cualquier tendencia. 

Global estallido sin fronteras. Desde una vereda o la jungla, hasta pueblos, ciudades y megalópolis donde, en algún momento, las fuerzas encargadas de controlar y someter al pueblo respaldarían dichos estallidos. Martin Wolf, editor del Financial Times de Londres, señaló que asistimos a un “colapso sin precedentes de la economía mundial”. Millones de pequeños negocios y empresas, no volverán a abrir sus puertas. Se reducirán sus contratos y, por consiguiente, los empleadores y empleados. 

Ahora o más adelante, destrucción total hacia arriba y hacia abajo de la cadena empresarial, con sus funestas consecuencias. De esta p(l)andemia no surgirá un ‘capitalismo más humano’, según pronostican algunos optimistas del fenómeno apocalipsis virus, puesto que a millones de empresas esta cuarentena les precipitó su quiebra. Y van a quebrar, por mucho sentido que del trabajo tengan sus propietarios. 

Millones de seres humanos sin empleo. Caída de salarios. Aumento de la concentración monopólica. Acentuación de la miseria y desigualdades de todo tipo. Se calcula que 2.000 millones de trabajadores informales lo perderán todo. Se destruirá la mitad de la fuerza laboral del mundo. ¿Desde cuál género poético, desde cuál grupo religioso o escuela filosófica clásica o moderna, admitiremos y justificaremos este desorden repentino, si solo en Estados Unidos, de un día para el otro, más de 20 millones de trabajadores perdieron sus empleos? Importa más el salvataje bancario que el empresarial. Las operaciones de rescate son, en su mayoría, para salvaguardar los bancos y no para darle seguridad alimentaria, de salud y educativa, a los bajos estratos, mucho menos para emplearlos con salarios justos o para repartir misericordia y solidaridad a clases mendicantes esperando ilusas la resurrección del orden anterior. “El neoliberalismo controla gobiernos para que lo resguarden y medios de comunicación para que el pueblo nada sepa de ellos, entienda mal, o nunca los rechacen”. 

El crecimiento de porcentajes de pobres y explotados posibilita el crecimiento de las empresas. Debe considerarse con atención la crítica del filósofo italiano Giorgio Agamben, en la línea de Heidegger y Walter Benjamin, cuyo texto La invención de una pandemia, advierte que, al agotarse el terrorismo como pretexto para todo tipo de acciones arbitrarias, ahora el tema ideal será el terror de la pandemia y la propagación del virus, incubado sicológicamente durante el encierro. Los objetivos que a nivel mundial no se alcanzaron con el argumento del terrorismo, en breve lapso los obtuvo el virus. Como si no hubiesen explotado 2 torres, sino millones de estas por todo el mundo.


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