Opinión / JUN 03 2020

Pericia cognitiva

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En nuestro contexto se asocia juventud con mente vigorosa, a la vez que vejez con deterioro mental. Ese estigma hacia el envejecimiento, sumado a la propensión de padecer enfermedades crónicas, es probablemente una de las razones por las cuales la cuarentena decretada se haya ensañado contra los mayores de 70 años, igualándolos a la ‘inmadurez’ racional de los menores de edad.

En estas decisiones gubernamentales puede haber ignorancia de las capacidades cognitivas propias de quienes crecen en edad, una de ellas denominada pericia cognitiva. Condición con la que se describe la habilidad ejecutiva, profesional, creativa y artística de aquellos que sobrepasan la mayoría de edad, hoy objeto de restricciones.

Los argumentos para proteger y salvaguardar a los adultos mayores de infectarse con el SARS-CoV-2, probablemente tengan que ver con el desconocimiento de que el “envejecimiento de la mente conlleva triunfos que solo se alcanzan con la edad”, como lo ha destacado Elkhonon Goldberg, un importante neurocientífico ruso-americano.

Por esa misma línea de reflexión, vale destacar que al momento de perpetuar el encierro senil, no se haya tenido en cuenta la diferencia entre el conocimiento descriptivo —centrado en ¿qué es?— y el conocimiento preceptivo —propio del ¿qué debo hacer?—. El primero mayormente dominante en la juventud y adultos jóvenes; el segundo, característico de los viejos. Conocimiento preceptivo que trae ventajas tales como la mesura y la menor impulsividad, aparte de una baja temeridad que hace a la tercera edad más cuidadosa al momento de tomar una decisión.

Sin embargo, queda la duda de si el ejecutivo tomó la decisión de confinar a los viejos por considerarlos incompetentes cognitivos, o por reconocer que la gran mayoría de los viejos viven la pobreza multidimensional, fruto de la desigualdad crónica y endémica que en nuestro país condena a los más vulnerables a padecer las consecuencias de la pobreza en que están inmersos, incluida sobrellevar, sin tratamiento, las enfermedades con propensión en la vejez, pero agravadas por la pobreza, el abandono social y el desamparo institucional.

El contrasentido es que solo pueden acatar el encierro quienes tienen con qué sobrevivir el encierro; por lo tanto, con la pericia cognitiva —cercenada por decreto— para aportar, incluso a cómo salir de la crisis que prevalece, podría servir de referencia a los gobernantes. Los demás, los carentes de oportunidades y sin los mínimos para su supervivencia tendrán que salir a buscar cómo sobrevivir a la escasez, y en la desescalada de la cuarentena, volver a cuidar carros, vender dulces o continuar en la mendicidad.


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