Opinión / ABR 29 2020

Política versus economía

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Imposible exigir del burócrata, la aplicación, en coyuntura como la actual, de la lógica funcional de un directivo, funcionario, empleado, operario o cualquier otra denominación, de una empresa privada; menos puede esperarse que piense o actúe como emprendedor individual, artesano, pequeño o mediano empresario en actividades de manufactura o servicios del amplísimo universo productivo.

No, el mundo del político de oficio, incluyo damas y demás géneros, nada tiene que ver con la órbita económica en la cual giramos el resto de los mortales, sin que ello implique restarle legitimidad social a su profesión. No olvido una frase pronunciada por el difunto Juan Luis Londoño, primer titular de la cartera del Trabajo en la era Uribe, durante un consejo de ministros. Dirigiéndose a sus entusiastas colegas, en medio de exposiciones siempre utópicas sobre estrategias a adoptar desde el Gobierno, para la generación de empleo, Londoño, quien pocos meses después pereciera en accidente aéreo, acotó, palabras más o menos: “Me preocupa; en esta sala estamos improvisando acerca de un asunto desconocido para todos. No hay acá alguien que en la práctica, en la realidad, haya generado siquiera un puesto de trabajo sostenible y de calidad”. Imaginen la reacción de sus colegas, tecnócratas y políticos, frente al contundente aserto.

El forzoso maridaje, no siempre bien avenido, entre economía y política, coloca a los actores económicos, a aquellos desprovistos de lazos o puentes condicionantes respecto al Estado, en situación de subordinación, frente al dudoso albedrío de los políticos en ejercicio de poder. En el difícil trance del presente, la confrontación entre las mentalidades políticas, y aquellas donde domina el pragmatismo de las cifras contantes y sonantes, no deja de tramitarse. Las primeras, esgrimen sin rubor ni sustento, frases de cajón: “La vida antes que la economía”, u otra más deplorable: “La salud no tiene precio”; para las fuerzas productivas, en cambio, hablar de vida o de salud sin su ineludible adherido económico es un despropósito. La concepción, el aborto, la llegada al mundo, permanencia o deceso de miembros de la comunidad orbital, son, querámoslo o no, hechos económicos. 

2 tendencias enfrentadas al momento de decretar confinamientos o permitir el ejercicio de libertades, confiando en el buen juicio ciudadano. La mayoría de colombianos, apersonados de la realidad sin renuncia al idealismo, seguimos esperando que el Gobierno proceda con equilibrio conceptual, con sensatez, abriendo posibilidades de reactivación en los múltiples planos productivos. Incluso desde el concepto de salud mental, la ciudadanía requiere sumarse de nuevo a los circuitos productivos que hacen posible la vida en dignidad, en realización individual y social. No le concedamos más al pánico irracional, a quienes sueñan con el derrumbe del mundo para provecho propio. Todos sabemos quiénes son.

 


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