Editorial / AGO 11 2020

Por ahí sí

El cierre con vallas en el perímetro del centro si pareciera una medida efectiva para contener la indisciplina social que es la que pone en riesgo la salud de todos.

Por ahí sí

Desde hoy el centro de la ciudad vuelve a estar, como lo estuvo hace varias semanas, delimitado con vallas y vigilado permanentemente por unidades de la Policía para garantizar que quienes transiten por esa zona tengan una razón válida para hacerlo. Resulta mucho más sensato y efectivo,  según han actuado en otros territorios, intervenir lugares que puedan ser potenciales focos de contagio tal como lo han experimentado en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, que actuar intuitivamente y generalizando sin necesidad, como pretendía hacerlo la alcaldesa de Armenia con el ya muy criticado decreto.

Mandar a quedarse en la casa a toda la ciudad más de setenta horas los fines de semana, con tan pocas excepciones como originalmente se contempló la norma local, era un error y por eso la justificada reacción de la ciudadanía. Con la medida terminaron pagando los platos rotos algunos sectores, que como el gastronómico, no solo han hecho encomiables esfuerzos para sostener los negocios y los empleos, sino que han sido juiciosos con la implementación y cumplimiento de las normas de bioseguridad para disminuir al máximo la posibilidad de contagio de los clientes.

De la mandataria encargada los armenios esperan cabeza fría, claridad y oportunidad en las decisiones y diálogo. Precisamente todo eso es lo que ha venido faltando desde el jueves pasado en la noche. Ojalá las mesas COVID que se van a implementar desde hoy en el municipio de Armenia estén soportadas en el diálogo y el rigor científico, que motiven decisiones efectivas para cuidar  la salud de todos y permitan que la reactivación económica de la ciudad siga su rumbo sin aumentar el riesgo de afectación en la población.

El rumor y la preocupación de diferentes sectores de la población sobre el creciente número de personas que ven llegar de otras partes del país y pasan o se quedan en el departamento debería ocupar más minutos en la agenda de la mandataria local que la posible incidencia, en la estadística de infectados por coronavirus, que pueda llegar a tener la práctica de algún deporte individual o actividad física los fines de semana. 

Prohibir dos horas de ejercicio individual los fines de semana afecta la salud física y mental de la población. No se entiende que quienes quieren salir a hacer algo por su salud tengan que quedarse en casa mirando por la ventana cómo los vagos y consumidores de drogas violan el toque de queda y se siguen apoderando de los parques. Para eso también debería la alcaldesa designada pedir y sobre todo escuchar una segunda opinión. El deporte, con prácticas seguras, lejos de aumentar contagios, previene que otras comorbilidades como la obesidad o la hipertensión arterial se junten al virus con las ya conocidas consecuencias.

También se debería mantener un esfuerzo mayor de la Policía en algunos barrios y comunas en las que ni el pico y cédula se respeta y en las que el toque de queda sí podría ser una medida afortunada. Ojalá ahora la pugna no sea economía versus salud, eso no puede pasar y no lo puede permitir el ejecutivo local. La salud no está por debajo de ninguna otra variable, pero hay caminos para propender por una población sana y además activa económicamente que es lo que en últimas contribuye a una salud mental.

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