Opinión / JUL 13 2020

Por amor, renuncien

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La Máxima expresión del amor, es renunciar. Cuando uno se casa, renuncia por amor, a un modo de vida. En la hermosísima y galardonada película de Von Trier, bailando en la oscuridad, Selma, por amor a su hijo, acepta la pena de muerte. Los ejemplos son muchos, pero el verbo renunciar, no existe en nuestro departamento. Dicen por ahí, que Dios, por amor a la humanidad, entregó a su hijo a la muerte. Claro que ese mito se repite en todos los relatos fundacionales de la humanidad.

Desde hace más de veinte años los que decían amar a Armenia,  quienes por amor tenían que haber renunciado, cuando era necesario que demostraran ese amor, para que la ciudad floreciera, se aferraron como garrapatas a la silla del poder, profundizando el daño hecho con sus actos de corrupción. Los suspendidos  alcaldes de Calarcá y Armenia, debieran demostrar el amor que le pregonaron a sus ciudades, en campaña electoral. El amor se demuestra con hechos, y la mayor expresión de ese amor, sería renunciar. Para qué se siguen aferrando a un puesto, cuando ya tienen el estigma en su frente. Incumplieron su promesa de servir con amor a su ciudad, desde la honestidad y la pulcritud; ya hicieron suficiente daño, ya no tienen credibilidad, y su ejercicio como alcaldes sería la ingobernabilidad. En Armenia, el voto el blanco obtuvo 26.289 votos, mientras José Manuel obtuvo 29.131, es decir  el  11.31 %  de 258.953 ciudadanos habilitados. Su debilidad, debió suplirla con actos ejemplares de buen gobierno, pero hizo todo lo contrario. La ciudadanía cuyabra, está a la espera de los desarrollos judiciales; además la revocatoria pende como una espada de Damocles. Lo mismo sucede con el suspendido alcalde de Calarcá, de  60.996 sufragantes habilitados, solamente lo hicieron 32.520, y por Luís Alberto Balsero, 9.164, solamente el 15 %. Estos datos demuestran la debilidad con que llegaron estos gobernantes.

Invito amablemente al señor Balsero y a José Manuel Ríos a que demuestren el amor que dicen tenerle a sus ciudades, a que muestren un poco de  grandeza, renunciando a sus cargos insostenibles ya que tienen cero credibilidad, para darle a sus ciudades, la oportunidad de elegir nuevamente, pero ahora sí, sin equivocarse. No les pido la grandeza de un  Simón Bolívar, que por amor a la libertad de su patria latinoamericana, renunció al confort terrateniente y hasta a su vida. Solamente les pido un poquito del amor que dicen tenerle a sus ciudades, y si no lo hacen por ese amor, háganlo por amor propio, para que les quede inmune su autoestima.

Los partidos políticos de la corrupción, fieles a su práctica criminal, no se han pronunciado, y no lo harán, encubren y defienden como gato patas arriba, a sus fichas corruptas.  Pero Luís Alberto y José Manuel, por amor a sus ciudades, tienen la obligación de permitirle a Calarcá y Armenia, la oportunidad para que sus ciudadanos, definan el rumbo que las proyecte al menos, a ser ciudades decentes y con futuro.

Por amor, renuncien.


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