Jueves, 22 Ago,2019
Opinión / MAR 27 2019

¿Por qué murió Diego Patiño Castaño?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

La muerte del ingeniero Diego Patiño Castaño consternó a distintos sectores de la sociedad, gremiales e institucionales de Armenia, por las circunstancias que rodearon su deceso, las que antecedieron a la decisión de Patiño Castaño con sobrecarga de angustias que lo rodearon durante poco más de diez años después de pertenecer a la administración de David Barros Vélez, una de las más despreciables en la historia de la ciudad.

Todos sentimos su muerte. Mis palabras pertenecen a la versión común sobre los hechos en los que coincidimos. Diego Patiño Castaño padeció las torturas morales que la administración citada causó de manera particular a exfuncionarios que como Diego, terminaron sacudidos por procesos judiciales que llevaron a algunos a perder la libertad. Todos por lo mismo, conectados a antecedentes similares por obra y gracia del sucio cuatrienio administrativo.

Esa fue la primera instancia grave en la cadena de gobiernos locales que no fueron capaces de interpretar los anhelos de la ciudadanía. Este paraíso de ciudad fue embaucado por esa indigna administración. La rama judicial es profusa en el relato de las emboscadas criminales que han malogrado la ciudad desde la Anapo en el poder y por culpa de las administraciones que han corrido desde comienzos de este siglo.

Profanados, azotados moralmente, reducidos en su espíritu y con vergüenza social, exfuncionarios de dos gobiernos en particular, Barros y Valencia Franco han tenido que cruzar durante estos años por espinosos caminos, no así aquellos que habiendo hecho parte de las oprobiosas administraciones irrumpieron en lo público con tanta o mayor malicia que sus maestros. Todavía estamos ungidos en traiciones imperdonables a la sociedad.

Hay funcionarios y periodistas que trabajan bajo las órdenes de los corruptos sin que nada les avergüence. La lenteja en los restaurantes de la periferia los congrega para celebrar las conquistas de los malos de la tribu y disfrutar de las roñas y escorias de la corrupción. 

Tantos recuerdos sobre la vida de este idóneo profesional de la ingeniería. Don Uriel Patiño Restrepo, su fallecido padre, fue un banquero caballeroso, inspirador de respeto y admirado por sus dotes ciudadanas. Una vez más quiero expresar mis sentimientos de pesar a su esposa Ana María Gómez, a sus hijos,  a doña Nora Castaño, a los hermanos de Diego, Martha Cecilia, Blanca Lucía, Gustavo, María Mercedes y Gloria Patricia Patiño Castaño.

La historia dirá como fueron estos negros episodios de la vida de Armenia. Por ahora, el delincuente niega el delito así las evidencias lo acorralen, mientras las víctimas se mueren por dignidad, porque prefieren la gloria eterna a los patios alambrados de las cárceles a las cuales se acostumbran los facinerosos habituales.


@jorgelieceroroz


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