Opinión / AGO 12 2020

Protejamos a nuestros niños

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Tal vez todas las personas que trabajamos con niños y su salud mental estamos de acuerdo con la dificultad significativa que se presenta en la actualidad, teniendo en cuenta la crisis frente a la pandemia y la dificultad en el manejo del equilibrio que se debe dar en los procesos mentales de los infantes.

La crisis nos ha llevado a tomar muchas decisiones, políticas públicas de emergencia y acuerdos sociales que llevan a afectar a la sociedad y las conductas que teníamos normalmente como seres sociales. Los niños han sido muy afectados por estas decisiones que han tratado de ‘protegerlos’, pero que en la mayoría de los casos no se han pensado teniendo en cuenta su estructura y su desarrollo.

Debemos entender que son seres en continuo desarrollo, que están consiguiendo todos los días conexiones neuronales nuevas, aprendizajes y experiencias que posibilitan el crecimiento desde aspectos como el emocional y cognitivo. Es decir, no podemos frenar el desarrollo infantil con ninguna decisión o política, debemos pensar en ellos y entender que requieren dinamizar sus procesos y que el trauma que enfrentan puede traer consecuencias graves para su futuro.

Comprendamos que ellos han cambiado sus formas de vida, su escuela y metodología de aprendizaje, sus procesos de interacción con los otros, sus dinámicas familiares. Se han vuelto víctimas silenciosas de un cambio que genera secuelas y donde no pueden manifestarse.

La forma en que vemos estas secuelas o la única manifestación de los niños es cambiar su conducta aumentando las pataletas, rabietas, el llanto o siendo más desafiantes con sus figuras de autoridad, algunos han aumentado la ingesta de alimentos, se comen las uñas, han iniciado algunos trastornos del sueño o se desconcentran más en las clases.

Como sociedad, en este momento deberíamos pensar más en los niños que en la misma pandemia, ya que las secuelas a futuro pueden ser más negativas que las mismas secuelas de la pandemia, podríamos encontrar aumento de la depresión y la ansiedad, aparición de algunos fenómenos como la inatención y dificultad en el aprendizaje, problemáticas significativas en la forma en que se interactúa con el mundo.

Para el manejo de ellos debemos propender por sus espacios de esparcimiento, por los tiempos de calidad, espacios de ocio y momentos de juego, tratemos de sacar diariamente a los niños de su espacio, no permitamos que se queden solo en la interacción tecnológica durante todo el día, es necesario que hagan deporte, que caminen, jueguen con arena, tierra y tengan una posibilidad de esparcimiento. En el proceso formativo limitemos los tiempos en clase, disminuyamos las tareas y tratemos de generar más trabajos que permitan experiencias y aprendizajes significativos.

 


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