Opinión / NOV 11 2019

Protesta pacífica

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Siempre he sostenido que el derecho a la protesta hace parte de esa democracia participativa que establece la constitución nacional. Que la mejor forma de llegar a consensos es estableciendo la inconformidad con decisiones o regímenes para lograr en un proceso dialéctico acuerdos, para mejorar y encontrarnos con soluciones que nos permitan convivir en paz y armonía. Imposible llegar al detalle que debe hacer la legislación de un país, pero sí todos andar el camino de la construcción de políticas públicas.

Y para la construcción de sociedad en paz existe una enseñanza que se volvió movimiento y es el de la no violencia. Dicen muchos autores que la guerra engendra guerra y la sangre engendra sangre. Además de aprender que para construir es más fácil con lo que existe que partir de la nada. Latinoamérica ha comenzado a moverse para demostrar su inconformidad, y como hecho antinómico inició en Venezuela con una gran protesta que se convirtió en oposición y fue reprimida violentamente, desde una de las orillas ideológicas en que nos quieren colocar a los americanos. Han seguido con gobiernos de otra tendencia para demostrar su inconformidad y se han equivocado algunos al reprimirlos con la fuerza. 

Pero la historia enseña que se debe llegar a negociaciones si la protesta es legítima. De un lado el escuchar, evaluar y entender por qué ha sido convocada la comunidad y por qué su presencia y exigencia respetando la marcha. Y de otro lado entendiendo que es pacíficamente como se consigue llegar a análisis y convencer sobre lo positivo de las protestas. No es protestar por protestar. Además deben —tanto marchantes como autoridades— garantizar la no violencia, no permitir las infiltraciones o impedir su actividad en medio de una masa emotiva y ardiente, porque ello solo lleva al vandalismo y la violencia.

Estamos tratando de cumplir con los acuerdos para lograr la paz. Ya hemos visto lo que el vandalismo ha dañado como patrimonio cultural e histórico, así como activos en otras naciones, y somos la democracia más sólida de América Latina, debemos demostrar nuestra madurez y seguir construyendo la patria.

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