Opinión / MAY 25 2020

Pruebas COVID-19, sí se podía

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

En el segundo quinquenio de los años 80, brillantes estudiantes de medicina de la Universidad del Quindío, luego profesores de la misma, crearon la semilla de lo que en 1993 daría origen al Centro de Investigaciones Biomédicas, CIBM. 

Jorge Enrique Gómez, con su tesis de maestría sobre epidemiología molecular de cepas bacterianas de tuberculosis, obtuvo el premio nacional de medicina tropical, que lo hizo merecedor de una beca de Colciencias para su doctorado en Francia. El resultado de este proceso académico fueron sus trabajos pioneros sobre toxoplasmosis. Jhon Carlos Castaño continuó sus estudios en el Instituto Pedro Kouri de La Habana, Cuba, enfocados en el desarrollo de anticuerpos monoclonales, y, posteriormente, en su doctorado trabajó en el desarrollo de un candidato vacunal asociado a la toxina colérica para toxoplasmosis. Arley Gómez estudió su maestría en Bélgica en biología molecular y dedicó su doctorado al trabajo con microbacterias.

El CIBM le ha entregado a la universidad y a la región 27 años de producción de conocimientos, equipo humano, infraestructura y la creación del programa de maestría en Ciencias Biomédicas. Acumulaba sobradas razones para que el ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación lo escogiera como laboratorio para la realización de pruebas diagnósticas de la COVID-19 junto con el Instituto Departamental de Salud Pública.

Esta es la génesis real de los esfuerzos que permitieron que se le asignaran a Quindío $4.500 millones, destinados al acondicionamiento de los laboratorios encargados de la toma de muestras de la COVID-19. No hay autoridad o gobernante alguno que hubiera logrado gestionar financiación de esta naturaleza sin contar con el acumulado producido por el esfuerzo y la pasión de los creadores del CIBM. 

Sigue un periodo difícil para neutralizar 3 enemigos que pueden reducir la amplitud del proyecto: la velocidad de propagación del coronavirus, la corrupción y la lentitud institucional y burocrática. Para el primero, confiaremos en el equipo científico que contribuirá a identificar la penetración del contagio y la georreferenciación territorial de focos y brotes. Del segundo, se puede intuir que los corruptos están al acecho para morder porciones del presupuesto; los organismos de control territorial no son confiables, cooptados como están por organizaciones políticas corrompidas. Queda confiar en las veedurías, su trabajo ha resultado en la suspensión y renuncia de varios funcionarios. El tercer mal tiene una razón de ser: la pasión, lógica, ritmos y tiempos del trabajo académico y científico son desfavorablemente distantes de la lógica, los ritmos y los tiempos de los trámites institucionales y la abulia burocrática.

En fin, confiemos en que el departamento y la Uniquindío saldrán fortalecidos después de todo; sí se podía.

 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net