Sabado, 07 Dic,2019
Opinión / JUL 17 2019

¿Qué fue lo que nos pasó?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Algunos lectores y amigos personales han coincidido en preguntarme las razones que tuve para haber obviado un comentario sobre los 53 años del departamento cumplidos el pasado primero de julio, sosteniendo algunos de ellos que se había notado un distanciamiento de mi parte con el gobernador padre Carlos Eduardo Osorio Buriticá.

A eso somos muy dados los quindianos; el rumor nos apasiona y los chismes son como un juego divertido que no puede faltar en ninguna parte. La política la mueve el chisme, o los medios que la politiquería aprovecha como correveidiles para que estos digan lo que a ellos les convenga. Por eso abunda la mentira en el mercado de la información política. 

El vicio en menoscabo de la profesión y de la credibilidad de los medios viene desde hace varios años, sin embargo nunca tan arraigado como en los últimos ocho. Fíjense que un señor que llegó a la ciudad con el fin de abrir un restaurante, terminó de empresario en medios locales de televisión y por entregarse como rebaño a la causa política de Luz Piedad Valencia, fue condecorado por la honesta alcaldesa. Me refiero a un tal Javier Ortiz que terminó también de periodista y con espacios en su canal, hasta llegar a usurpar la presidencia del comité intergremial.

Entrevista en ese canal, ha sido igual a pauta, hasta que el sector gremial lo retiró. Algunos comerciantes y empresarios se cansaron del cinismo de este individuo y de la falta de respeto a una comunidad empresarial, comercial, política y social que no conocía que a ese nivel había subido la corrupción. 

De modo pues que no hay distanciamiento con el gobernador. Hay decisiones de gobierno y comportamientos que no he compartido y así las cosas terminé viéndome en la obligación de no hacer mención a celebraciones que siempre se enmarcan en un estan parroquial. El cincuentenario del departamento que debió ser motivo de un gran acontecimiento, una fecha que resaltara al país el significado territorial y los signos de prosperidad que pudiera haber tenido el Quindío en su cincuentenario, fue una pobre celebración.

Todo lo que se sugirió durante cinco años se quedó en el tintero, la gestión de gobernantes a partir de los primeros 40 años del Quindío fue demasiado pobre, entre otros motivos, por uno que he mencionado muchas veces en mis comentarios. La clase política se derrumbó y consecuencialmente la administración pública no solo se empobreció sino que cada vez hay en ella más corruptos.

Por eso, los 53 años no pasaron de ser un año más. Un año más de desequilibrio social. Un año en el que los mandatarios del Eje Cafetero crearon la RAP; Un año con menos recursos para el Quindío y más para los otros (¿?). El fenómeno del poder central sigue siendo apabullante. Si Dios me presta un tiempo más, el próximo año, le haré anexo a mi libro Apuntes para la historia política del Quindío para dejar a manera de constancia, la verdad de estos últimos dolorosos años. 


@jorgelieceroroz


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