Martes, 17 Sep,2019
Opinión / AGO 18 2019

“Que nada se desperdicie”

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Había tardado el Estado colombiano en encabezar una campaña orientada a combatir el que podría llamarse crimen de lesa humanidad como es el altísimo volumen de alimentos que se dañan frente al no menos bajo volumen de población que no alcanza a satisfacer sus mínimos requerimientos de alimentación y nutrición a lo largo y ancho del país. 

Iniciando este mes de agosto, el presidente Iván Duque sancionó la ley 1990/19 que crea la política para prevenir la pérdida y desperdicio de este vital elemento. Se fijan herramientas para sensibilizar, formar, movilizar y responsabilizar a productores, procesadores, distribuidores, consumidores, asociaciones para realizar manejo adecuado de los alimentos, priorizando como destino final el consumo humano. Prohíbe destruir alimentos y establece que los productos no vendidos puedan donarse —debería ser exigencia— a las organizaciones sin ánimo de lucro que atiendan población vulnerable. Recordemos que son miles de millones de toneladas que se pierden, mientras otros tantos de seres humanos desfallecen de hambre, mueren de desnutrición, o buscan en potes de basura residuos de comida, frente a la indolencia de la sociedad. 

Igual es necesario ser realistas pues la sola ley es insuficiente, en un país donde nos acostumbramos a convertirlas en letra muerta como ha sucedido con otras en las cuales se involucran intereses enfrentados. Se espera que entes públicos y privados, asuman de lleno su compromiso de buscar y propiciar que se alcancen los siete objetivos planteados. Que la Comisión Intersectorial de Seguridad Alimentaria y Nutricional acelere el desarrollo de la misión que la ley le estableció con plazo de seis meses para el diseño, formulación e implementación de la política contra el desperdicio de alimentos, formulando incentivos a los destinatarios de las medidas. Igual será muy saludable que los organismos relacionados con esta materia establezcan contacto con esta comisión y la retroalimenten con sugerencias basadas en las experiencias que tengan acumuladas y que seguramente serán muy valiosas para enriquecer este proceso. A nivel nacional opera una red de bancos de alimentos que debe asumir como propio un compromiso como este. En Armenia la Diócesis tiene un banco similar que ha luchado frente a las autoridades municipales, hasta ahora en forma infructuosa, para que se le otorgue lote en comodato para construir su bodega de acopio para la cual se tienen ofrecimientos de apoyo que no han podido ser aprovechados. 

“Que nada se desperdicie”, pidió Jesús a sus discípulos cuando propició el milagro de la multiplicación de los panes y los peces que satisfizo el hambre de la multitud que le seguía, luego de encargarles: “Denles ustedes de comer”.

Twitter: @Alarce4


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