Opinión / MAY 22 2016

¿Qué se hizo la Constitución?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Escribo este comentario, a sabiendas de que caerá en el vacío. Ningún resultado producirá. Alguien que lo lea y no lo entienda, dirá que soy enemigo de la paz, como si lanzara sobre mí un anatema definitivo. Todo eso me tiene sin cuidado. Al recibir mi grado de abogado juré cumplir la ley y eso he hecho en toda mi vida profesional. Mal podría a estas alturas de mi camino, cambiar de rumbo por congraciarme con algunos o por temor a otros.

En un documento de tres páginas, el Gobierno y las Farc  han plasmado un acuerdo “para brindar seguridad y estabilidad jurídica al Acuerdo Final”.  Lo pactado desconoce la Constitución: si la menciona es, precisamente, para violarla. Veamos.

Lo primero es el compromiso del Gobierno de introducir en el Acto Legislativo  número 04/2015 Senado, y 157/2015 Cámara, un artículo transitorio de la Constitución, que hará parte del bloque de constitucionalidad. Al respecto caben estas observaciones.

a) El quebranto del trámite del mencionado Acto Legislativo. Es inaceptable intentar esta modificación cuando la Comisión Primera de la Cámara va a comenzar el penúltimo debate de este proyecto (el séptimo). El vicio de inconstitucionalidad que así se genera, no se remedia en una comisión de conciliación, de las previstas por el artículo 161  de la Constitución. La nueva norma no ha figurado en los anteriores seis debates, pero ni siquiera se ha mencionado.

b) Además, el “Acuerdo Final” que haría parte de la Constitución, nadie lo conoce, sencillamente, porque no existe. Hay que tener presente que mientras todo no esté acordado, nada está acordado. A estas alturas no hay ni un borrador de tal Acuerdo. En consecuencia, se ordena incluir en la Constitución algo que no se conoce, porque no existe.

Después, se dicta un procedimiento legislativo especial, inusitado, extravagante, para la aprobación del Acuerdo Final. Procedimiento especial completamente ajeno a la Constitución, por las siguientes razones.
El Senado y la Cámara no podrán cambiarle una coma al acuerdo: solamente podrán aprobarlo o rechazarlo en su integridad. Así el Congreso se convierte en una especie de notario, se le recortan sus facultades. Naturalmente, aquí radica otra violación de la Constitución. Baste señalar que no hay proyecto de ley ni de Acto Legislativo que siga ese trámite, que sea inmodificable por el Congreso.

Aprobada por el Congreso ese “Acuerdo Final”,  tendrá un control de constitucionalidad “único y automático”. Es evidente que se busca impedir que los ciudadanos demanden la norma, como acontece con todas las demás.

Aparece más adelante otra disposición que obliga al Gobierno a presentar un proyecto de Acto Legislativo que contendrá el Acuerdo de la Jurisdicción Especial para la Paz, firmado el 15 de diciembre de 2015. Sobra decir que este Acto Legislativo también habrá de ser aprobado por el Congreso sin hacerle ninguna modificación.

¿Qué ha ocurrido en la realidad? Que los negociadores de La Habana se han convertido en un poder que está por encima de la Constitución. Por esto la modifica a su antojo: lo que allá se decide, es la última palabra.

Con el pretexto de alcanzar la paz, se ha quebrantado la Constitución. Se crea así un precedente peligroso: mañana se dirá que hay otros objetivos igualmente importantes, que son suficientes para justificar  violaciones de la Constitución. Como el Acuerdo con el ELN y, ¿por qué no?, con el Clan Úsuga.

Y para acallar a los críticos, se crea un panorama falso en el cual el disentimiento se convierte casi en traición a la patria, el delito más grave del Código Penal.

Es verdad que la Reforma Constitucional de 1991 nació de una violación a la Constitución. Ésta, en su artículo 218, disponía que las reformas constitucionales las haría el Congreso, mediante el trámite de un Acto Legislativo. El presidente Gaviria dictó el decreto 1926 de 1990, para convocar una asamblea que habría de reformar la Constitución. Como ahora, se invocó la finalidad de restablecer la paz. Podría concluirse que el origen viciado de esa reforma, causó la pérdida del respeto por la Constitución.

Es evidente que seguir hablando del malhadado plebiscito, es una farsa. Como también lo sería una consulta popular. Nada tiene que decir el pueblo, cuando todo está hecho y es inmodificable.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net