Opinión / JUL 04 2020

Querido profesor:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Termina un semestre de estudio en medio de un ambiente enrarecido que nadie se imaginaba que se iba a presentar. Y se escuchaba y se leía por doquier que el coronavirus había puesto en crisis la educación. Nada de eso es cierto. La educación siempre ha estado en crisis. 

Querido profesor: se torna muy peligroso que sigan resistiendo para no volver a las aulas de clase por miedo a la COVID-19. Aprovechando la emergencia, estaría pensando el gobierno seriamente en la educación virtual, o como ellos la entiendan. Aludida forma improvisada de enseñanza que estaría abriendo la puerta trampa de una reforma educativa con el objeto de reducir el personal docente en los planteles educativos: porque de entrada supondrían que un solo maestro-virtual podría orientar a 200 estudiantes. A los más jóvenes y al resto de docentes, que se les dificulta adaptarse a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, los estarían dejando por fuera. 

Si somos sensatos, la formación que se viene realizando a través de WhatsApp con los estudiantes en las casas, nada tiene que ver con la educación virtual. De hecho, incrementa problemas de aprendizaje. Y terminan finalmente los padres de familia realizando todo el trabajo académico. 

No sobra decir querido profesor, nada puede reemplazar el trabajo en el aula: por ejemplo, cuando entre estudiantes se lanzan papeles o se ponen de ruana la clase, todo ello hace parte del proceso de formación. Porque permite poner a prueba nuestra capacidad de resolver conflictos. 

En la educación virtual no tendríamos la oportunidad de saber cómo puede nacer un conflicto. El aula es mundo de exploración inacabado; no quiero decir que este abogando por un modelo de sistema controlado, desde luego que debe imperar la libertad en el aprendizaje. Si nuestra preferencia alimenta la educación virtual sin tener las condiciones para hacerlo, estaríamos beneficiando a las empresas que solo buscan vender sus paquetes tecnológicos-plataformas llamándolos ‘educación del futuro’. 

Seguramente la tecnología puede desempeñar un papel muy importante, de hecho facilita algunas cosas: por ejemplo, se presta el trabajo pedagógico cuando enviamos al estudiante un capítulo de un libro en PDF, con el propósito que pueda realizar una lectura y entregar un resumen de lo leído. Sin embargo, realizar lecturas en el aula con los estudiantes, directamente del libro, tocando el papel, podemos concluir que no es lo mismo cuando se hace en una pantalla pequeña. Antes querido profesor de llevar al estudiante a la pantalla de cualquier sistema computarizado, debemos de conceptualizar con ellos. De lo contrario, es trabajo perdido. 

En este primer semestre de enseñanza los resultados no son satisfactorios. Ojalá termine justificada improvisación.

 


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