Miércoles, 19 Jun,2019
Opinión / MAY 04 2019

Quibdó, la Ciudad Coqueta I

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Faltando dos minutos para las nueve de la mañana de aquel lunes, partimos de Pereira en un bus que nos llevaría a la calurosa y vibrante ciudad a orillas del Atrato. Serían ocho horas de disfrute del paisaje cambiante entre la zona Andina y el selvático Chocó. Es pasar del Paisaje Cultural Cafetero a las sudorosas temperaturas del Pacífico.

 

Pasando por La Virginia en el valle de Risaralda, que en la época colonial hizo parte de los resguardos de Tachiguí y Tabuyó, me llegan los recuerdos de como a través de su historia el río Risaralda ha inundado sus calles, aunque hayan comenzado a desecar sus humedales desde principios del siglo XX o precisamente como consecuencia de esa “destrucción creativa”, dando al traste con madres viejas y lagunas que regulaban los cauces de los ríos que surcan esa región. 

Acompañado lo anterior con el arrebato de las tierras a familias campesinas lugareñas, pasando de la economía de subsistencia a las explotaciones ganaderas de los grandes hacendados. Como lo expresa Carlos A. Victoria M., “…la demostración palmaria del daño ecológico consistente en desecar humedales para acumular capitales”.

En la década de los años setenta del siglo pasado, ya hicieron presencia los grandes cañaduzales, con los cuales hoy se produce etanol para alimentar autos. Han denunciado que esto ha agravado los problemas socio-ambientales, proliferando las enfermedades respiratorias, contaminando con quemas y agrotóxicos, y el envenenamiento de sus ríos, con el consecuente detrimento de su riqueza ictiológica.

Continuando el recorrido rumbo a San Francisco de Quibdó, llegamos a Pueblo Rico, Risaralda, población triétnica, guardiana del cerro de Tatamá, Parque Nacional Natural desde 1987 y de la Reserva Natural Karagabí, gestionada por los Grupos Ecológicos de Risaralda. Este municipio cuenta por igual con el Parque Regional Natural Río Negro y el Distrito de Manejo Integrado Cuchilla de San José. 

Se debe resaltar la existencia de las Áreas de Manejo Especial, AME, de comunidades indígenas de las cuencas de los ríos Agüita y Mistrató y la de comunidades negras del Alto Amurrupá, que contribuyen por igual a la conservación en este municipio. En todo caso siempre será agradable arribar a este poblado fundado en 1884 y sentirse en los límites de la zona Andina y el Chocó-biogeográfico.

Iniciamos el descenso y sentimos que vamos acercándonos a nuestro destino. Santa Cecilia, Tadó, Las Ánimas, Cértegui, Atrato, son algunos nombres que comenzamos a escuchar con insistencia. Es una pasada rápida que nos resalta, cómo las iglesias al frente de los parques son las principales edificaciones de tan alegres poblados.

El ofrecimiento de chontaduro, mangos y la bebida refrescante de Borojó, no faltan. Jóvenes tanto indígenas como de las negritudes, son quienes de manera humilde y sonriente nos ofrecen estas delicias para reconfortar el largo viaje. Avanza la tarde y todo indica que pronto llegaremos a feliz puerto. 

 

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