Domingo, 15 Dic,2019
Opinión / MAY 18 2019

Quibdó, la ciudad coqueta II

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Rondaban las 5:00 de la tarde. Llegamos y encontramos una ciudad calurosa y activa. Enclavada en la selva, con al menos 300 años de fundada con la misión de extraer oro de sus ríos. Localidad mestiza con presencia predominante de población negra.

Desde 1784, cuando la Corona española permitió la navegación en el Atrato, este puerto adquirió más importancia como centro de acogida de comerciantes cartageneros, judíos e ingleses, y sus esclavos para la extracción del metal precioso. Algunos afirman que el escritor Jorge Isaac Ferrer nació en San Francisco de Quibdó entre 1823 y 1833, hijo de esclavistas.

Nos ofrecen tres posibilidades de llegar al centro y escogimos la buseta. Sin registradora y ayudante que colabora a pasajeros. En estas se crea rápidamente un ambiente de diálogo donde la amabilidad anima los minutos mientras llegamos al malecón frente a la catedral. Hay que decirlo, tremenda construcción junto al espectacular río. 

Una cuadra por la alameda, calle peatonalizada y nos encontramos con el hotel Donde papá. Pequeño y pulcro. Sin ostentación, pero muy agradable. Mejor atendidos no podríamos haber estado. Son muy comunes estos hospedajes, producto de emprendimientos familiares. Mientras la informalidad pulula en sus calles. 

Visitar la catedral de San Francisco, San Pacho, pasear por el malecón, colmado de belleza chocoana, y pasar observando la actividad de la plaza de mercado a orillas del Atrato, es algo imperdible. Probar las delicias ofrecidas alrededor de la catedral, es una oportunidad de disfrutar la comida popular quibdoense.

Tutunendo, que significa río de rosas o fragancia, es para disfrutar un baño en sus cristalinas aguas. Apreciar las bellas lavanderas y navegar por él, gracias al esforzado boga, es una delicia. 

La casa museo africano, Muntú Bantú, frente a la universidad Tecnológica del Chocó, nos lleva a raíces africanas y el duro viaje de decenas de miles de seres esclavizados por el verdugo europeo. Es sitio obligatorio para acercarnos a la historia chocoana y su poblamiento por la raza negra. Obra del historiador Sergio Mosquera, que merece todo el reconocimiento y apoyo. 

Hace tres años, jóvenes emprendedores crearon Ilewa, tierra nuestra, en lengua yoruba, hablada en Nigeria. Es una iniciativa de ‘turismo cultural y de naturaleza por el Chocó biogeográfico’. Tuvimos la festiva experiencia de un chiri-tour, en un recorrido por el Atrato durante hora y media, nos deleitamos al son de ritmos del pacífico. Una vez más, ver la catedral desde el río, es sumamente llamativa por su imponente arquitectura. 

Quiero sumarme a quienes desde diferentes espacios se han manifestado en contra del pretendido puerto de Tribugá, megaobra que afectará irreversiblemente 1.000 hectáreas de manglar y a las comunidades que viven de la pesca artesanal, la agricultura campesina y el ecoturismo. 

Estas se oponen a su construcción, que destruirá el Distrito Regional de Manejo – cabo Corrientes, que ha sido protegido por los lugareños. 

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