Editorial / JUL 01 2020

Resistir

Otro quisieran los quindianos fuera el presente de su querida y valiosa tierra por estos días en los que se celebran 54 años de vida administrativa.

Resistir

No es halagador el presente del departamento que en su escudo consignó tres promesas que con el tiempo se han ido diluyendo: joven, rico y poderoso. Otra quisieran y merecen los cuyabros fuera la suerte y actualidad de su tierra. Las bondades y ventajas de vivir en este pedazo de la geografía nacional son inocultables pero también hay problemas que crecen como espuma, comunes a otros departamentos, pero al fin y al cabo problemas que minan la ilusión de quienes por décadas han sacado pecho, y con razón, por vivir y trabajar en este triángulo verde del país.

Podría verse el vaso medio lleno, pero esa historia está contada. Ventajas tiene el departamento por su excepcional ubicación y su condición de territorio biodiverso, aunque no menos cierto es que dicha característica está amenazada y por eso la reflexión se inclina a ver el vaso medio vacío. La solicitud y autorización de títulos de explotación minera a cielo abierto y la proliferación de cultivos y prácticas nocivas para trabajar la tierra, han tendido un manto de duda sobre la conservación de la riqueza natural de esta parte del país y por ahí derecho preocupaciones serias y además fundadas sobre la garantía de agua en calidad, continuidad y cantidad para todos los habitantes.

Armenia, la capital del departamento, que hoy recuerda su gesta de independencia administrativa, está en cuidados intensivos. Sin alcalde titular y con muchas dudas sobre el proceder del designado, sin un plan de desarrollo para los próximos cuatro años y con serias dudas sobre la legalidad y pertinencia del que hay por sancionar, por fortuna sin una cifra elevada de contagiados por la pandemia pero sí con un brote altísimo de desempleo y pobreza, y, lo más lamentable, con el ánimo de los paisanos por el piso.

Ni siquiera la mirada y la esperanza hoy puede ponerse sobre el turismo, esa panacea con la que se quiso paliar la crisis cafetera, pero que hoy también pasa un mal rato por cuenta de la pandemia. Hubo un sueño y fue convertir al Quindío y su capital en destino de eventos y reuniones, pero ese rótulo deberá esperar un tiempo hasta que el virus con corona ceda un poco. Seguro vendrán tiempos mejores y la capacidad de soñar, como la virtud de aguantar, no van a desaparecer.

Mientras tanto habrá que apelar al reiterado y aplazado anhelo de un frente común: gobierno, empresa privada y academia, para encontrar soluciones o caminos a tan abrumador presente.

Algo es seguro y es que este bendito pueblo no va a claudicar, ni siquiera la furia de la tierra lo pudo enterrar. Hay que resistir pero para lograrlo tiene que permanecer una luz de esperanza en las manos de su dirigencia y para que la misma no se apague se tiene que erradicar cualquier dejo de corrupción y en sustitución deben llegar varios y creíbles anuncios acompañados de acciones que demuestren que por lo menos este verde de mil colores no se va a endosar a las multinacionales, que la vida en todas sus manifestaciones es lo más importante, que la democracia es un bien de todos y que cada paso se dará si se garantiza la sostenibilidad. Solo de esa manera será posible resistir.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net