Opinión / ABR 02 2020

Retos y solidaridad creativa

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El 20 de marzo en la noche, víspera del día Mundial de la Poesía, mientras el errático gobierno colombiano por fin tomaba la decisión de declarar la cuarentena nacional, el cantautor argentino Fito Páez daba un recital via streaming desde su casa en Buenos Aires. Con su piano y todos los dispositivos necesarios para conectarse con sus fanáticos alrededor del mundo, recorrió parte de su cancionero en versiones íntimas y de una honestidad desgarradora. 

El 20 de marzo en la noche, víspera del día Mundial de la Poesía, mientras el errático gobierno colombiano por fin tomaba la decisión de declarar la cuarentena nacional, el cantautor argentino Fito Páez daba un recital via streaming desde su casa en Buenos Aires. Con su piano y todos los dispositivos necesarios para conectarse con sus fanáticos alrededor del mundo, recorrió parte de su cancionero en versiones íntimas y de una honestidad desgarradora. 

La movida de los conciertos online para hacer más llevadera la cuarentena la había iniciado el uruguayo Jorge Drexler el 10 de marzo. Tras decidir cancelar su concierto en San José de Costa Rica, optó con su equipo por subirse al escenario y cantar de espaldas a las 900 butacas vacías del teatro popular Melico Salazar, pero frente a un par de cámaras que lo pusieron en contacto de manera remota con más de 50.000 espectadores en diferentes países. 

Lo que podríamos llamar solidaridad creativa ha aflorado, como era de esperarse, para dejar claro que las artes y la cultura nos acercan, resaltan nuestra humanidad y nos hacen más empáticos, mucho más en tiempos de crisis. 

En medio del entusiasmo por poder acceder a diferentes productos y experiencias culturales desde el aislamiento, hay realidades y matices que es preciso considerar. La virtualización por supuesto es un aspecto clave para que los procesos formativos, de circulación y entretenimiento no se paralicen, y así lo han entendido las oficinas municipales de cultura, las escuelas de arte y las bibliotecas públicas. Pero el acceso a dispositivos, la conectividad y la pertinencia de los contenidos son asuntos a los que se les debe prestar toda la atención. Estas y muchas otras variables tendrán que ser parte consustancial de una planificación a mediano y largo plazo, pues los impactos de la pandemia se proyectarán en el tiempo. 

Gran reto tiene el ministerio de Cultura con la puesta en marcha de las medidas para mitigar el impacto en el sector. Se espera que los programas de estímulos y concertación atiendan a la nueva realidad y se diseñen otras estrategias acordes a los diferentes contextos y teniendo en cuenta las especificidades de cada área y proceso, pues no es lo mismo un ‘salvavidas’ para una gran editorial, que un pequeño estímulo para una editorial independiente, por poner solo un ejemplo. 

En el ámbito regional y local el reto comprende el saber armonizar muy bien lo que se venía diseñando para el sector en los planes de desarrollo con el nuevo panorama de necesidades y limitaciones derivadas de la pandemia. En el cultural, como en todos los sectores de la sociedad, los funcionarios, administradores y gestores probarán su talante y capacidad para afrontar una situación crítica e imprevista. 

Del lado de los creadores, artistas y formadores el clamor por la solidaridad y la sensatez debe ser un propósito común. Más que nunca se debe mirar para un solo lado y abrazar el cultivo del alma noble y paciente desde cada uno de los quehaceres artísticos y culturales para afrontar los tiempos recios. 

El día Mundial de la Poesía vimos las redes inundadas de versos y cada tanto se multiplican las lecturas compartidas y los recitales espontáneos en la distancia. Volveremos a encontrarnos, claro que sí, y tendremos mucho para contar y cantar. 

 


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