Opinión / ABR 07 2020

Ricos y pobres vergonzantes

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es innegable que el mayor efecto colateral del coronavirus en Colombia es el impacto económico, el cual apenas está comenzando y sus resultados devastadores se conocerán en el segundo semestre de este año, y su prolongación es un diagnóstico reservado; como reservado es el impacto de la COVID-19 en la población del país

En lo relacionado con el estado económico de los ciudadanos, hay un panorama variopinto desencadenado por el virus: están los propietarios de supermercados quienes literalmente disfrutan de una verdadera bonanza a expensas de los atemorizados parroquianos, quienes salen diariamente a comprar alimentos, sin importar el incremento especulativo de la gran mayoría de estos comerciantes. Están los acaparadores, que facilitan la labor de los anteriores; surgieron los rebuscadores que compran y revenden tapabocas, guantes y toda clase de elementos bioprotectores; por supuesto no podían faltar los “mecenas o mesías”, para el caso es lo mismo, encarnados en los politiqueros de oficio que anuncian a través de las redes sociales con gran entusiasmo, la entrega de  pequeños mercados a personas de escasos recursos económicos, eso sí previo anuncio de las virtudes y generosidad de los benefactores -basta observar en las redes sociales a concejales, diputados y líderes populares en esos  shows inundando con fotos sus actos generosos-.  Claro que esas “ayudas” y las del Estado que, dicho sea de paso, por estos días están abundando, inexplicablemente no llegan a los pobres vergonzantes, bueno y para ser justos, ni a los ricos vergonzantes. Y  es que el coronavirus ha dejado al descubierto que, las necesidades y angustias son iguales para los unos como para los otros; por lo que mencionaré a los segundos, que son aquellos que define la Real Academia Española de la Lengua como aquellas personas que se encubren por vergüenza, y hace referencia a quienes  lo han tenido casi todo, pero que están ilíquidos, no les queda nada, solo su dignidad, la cual barnizan conservando las apariencias; ellos no se inscriben en ningún programa asistencial del Estado, porque sería una vergüenza para la familia. Y los pobres vergonzantes, que no han tenido dinero, más allá que el necesario para una vida digna, la cual está representada en el día a día, y son los contratistas, vendedores ambulantes, de tinto, los mecánicos, los estilistas, los trabajadores en almacenes, cafeterías, discotecas, restaurantes, servitecas, los músicos entre otros. Ellos, a diferencia de los anteriores, sí quieren ser incluidos en los programas subsidiados por el Estado, pero no aplican porque para las entidades del gobierno, tienen las necesidades básicas satisfechas y no precisan de esas ayudas. Tanto los unos como los otros están en el olvido; ellos para el gobierno nacional pertenecen a la clase media, y justamente allí está el inconveniente mayor, eso ya no existe en Colombia, eso forma parte de la historia de este país, ahora existen franjas muy definidas, con políticas económicas y laborales muy marcadas, con las cuales los ricos cada vez son más ricos, y los pobres, mucho más pobres, eso es evidente.

 


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net