Martes, 15 Oct,2019
Opinión / AGO 30 2019

Rostros de la poesía

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Existe una escritura correcta, que informa lo requerido. Es un lenguaje funcional, propio de burócratas de la palabra. No denuncia la violencia inflingida por terceros y menos el dolor del alma. 

Busca deshacerse fácil de la realidad, acomodarse a los poderes establecidos, celebrar la idea de un progreso ineluctable e invencible que no existe. Congratula una deriva de la ficción: la mentira de la publicidad moderna.

Decenas de novelistas se prestan para ese enmascaramiento, y los poetas lo hacen cuando creen, algunos, que los versos solo sirven para curar las heridas del consumismo. La poesía como canto de una religiosidad nueva, de garaje, que restaña en la superficie las puñaladas de nuestro tiempo. Poesía liviana y de autoayuda, que se reza con velones y guitarras, al borde de una angustia.

El maestro Fernando Cruz Kronfly dice, en su libro de ensayos La condición humana, Tierra de nadie, que “la escritura literaria es, precisamente, aquella que asume como su deber no callar. Es un combate que se propone investir de palabra el horror, lo sublime, lo invisible, lo que está allá abajo en la materia madre o lo imaginario como posibilidades humanas creativas”.

Rastros y rostros de la poesía es el tema central del décimo segundo Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales. Fue escogido para poder recomponer, desde fragmentos de conversación y de recitales, la ilusión de un lenguaje rebelde y curioso, que se confronta a sí mismo y que busca incertidumbres más que certezas desechables.

Organizado por la fundación Torre de Palabras, el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, desde hace 12 años, adelanta una intervención pedagógica en las instituciones educativas de Calarcá y el Quindío que revive una tradición literaria y estética extraviada, en especial en la villa de Baudilio Montoya.

Dieciocho invitados nacionales y tres extranjeros, expresan un cruce plural y diverso de enfoques. La voz femenina que increpa; la mirada desde las comunidades étnicas minoritarias; el traductor que redescubre el mundo de afuera, el sonido de la hierba al crecer, como el marroquí que, desde sus caligrafías, muestra un mundo excéntrico, al que no estamos acostumbrados. Poesía que fastidia, poesía que nos dice y nos redescubre más humanos.

Este año el encuentro Luis Vidales tiene la renovada conducción de Élison Veloza, Angy Viviana Méndez, Julie Pauline García, Jéssica Riveros, Juan Felipe Gómez, Ángel Castaño, y la participación en el ciclo pedagógico de Diana Largacha, Jhoana Ramírez, Alexánder Muñoz, Edwin Barrero, Sandra Gómez, Alejandro Patiño y María Fernanda Fernández.

Clave para la difusión del encuentro Luis Vidales la intervención decidida de Natalia Barriga y Catalina Tafur, quienes, como comunicadoras, ejercen un eficiente liderazgo por estos lares.

Durante los pasados cuatro años el encuentro Luis Vidales ha recibido, como lo prometieron, el apoyo de Carlos Eduardo Osorio Buriticá, gobernador del Quindío, y de Jenny Alejandra Trujillo Alzate, alcaldesa de Calarcá. Ambos han honrado su palabra.

A muchos les incomoda la misión de la literatura, que intenta, más allá de sus funciones comunicativas, promover un espíritu crítico y buscar, donde esté, la belleza.

Los rostros y rastros de la poesía es una oportunidad para mirarnos en el reflejo del agua. En volver a entender a la poesía como ese líquido que desborda el recipiente, corre libre y nos refresca. La poesía, para vivir, es como el agua.

 


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