Opinión / AGO 08 2020

Sacrifiquemonos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Te sacrifico. Sacrifícame. Nos sacrificamos. Ellos sacrifican. Supervivencia a cualquier costo, mientras asistimos mansos al desmoronamiento de la civilización, los Estados y el género humano. Supervivamos para llegar, ilusos, a la muerte. No necesariamente por el virus. Esta demolición mundial de la cultura y la economía, de las relaciones humanas, no tiene vuelta atrás. En el antropofágico banquete de los globalistas, somos el alimento que estos sazonan, cocinan, digieren y defecan. Insaciables. 

En este holocausto donde al planeta lo convirtieron en un Auschwitz-Treblinka-Belzec, pretenden hacernos creer que, por acercarnos de espaldas hacia la muerte, esta no sucederá o llegará más tarde. Entre el instinto de supervivencia individual, egoísmo propiciado por el terror, se nos manifiestan reacciones emocionales que, de otra manera y bajo distintas circunstancias, habríamos reprimido. 

Para hacer más oficial la cuarentena, que Duque y su combo naranja seguirán extendiendo, domándonos para soportar largos toques de queda, propongo establecer, por decreto, como nuestro himno de la p(l)andemia, la breve, estremecedora composición musical llamada El silencio. Interpretado con trompeta. Sugiero las versiones de Melissa Venema, Roy Etzel, Nini Rosso o la prolongada y punzante del trompetista negro en la Orquesta de Omar Codazzi. Mi preferida. Una de tales reacciones es suprimir de nuestras listas en redes sociales o WhatsApp, a numerosas personas sin importancia afectiva ni intelectual en nuestras vidas. Y que, a la vez, para intensificar el gozo, nos excluyan de esas listas donde Facebook propicia y sugiere tus vínculos. Amigos de los amigos, de los amigos de otros amigos. Inventarios carentes de permanencia como se comprobó, algunos lustros atrás, con el publicitario experimento de Burger King: Sacrificio Whopper.  La propuesta consistía en borrar diez amigos del perfil personal en Facebook y reclamar gratis una hamburguesa. A esta decena de sacrificados, se les informaba quién los había extirpado. Y a cambio de qué. El filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, señaló al respecto: “Una amistad en Facebook parece tener el mismo valor que unos pocos gramos de carne picada”. 

En nuestra región, si alguien procediera igual, sacrificaríamos y nos sacrificarían por un pocillo de café. Una empanada o un tamal. A más de diez. Sin titubear y sonriendo, eliminaríamos a todos aquellos con quienes intercambiamos emojis y pegatinas. No te avergüences si disfrutas algo así. No te acongojes ni te llenes de rencor, si fuiste la víctima. Son derivaciones sociales corrientes en la cuarentena y la 

COVID-19, inducidas por el sano distanciamiento de nuestro prójimo, dentro de esta reingeniería eugenésica donde tú y yo valemos menos que una porción de pollo apanado. Es la historia. Definitivamente, como afirma Aristóteles en su Poética, “hay más verdad en la poesía que en la historia”, esta “sucesión sucesiva de sucesos sucedidos sucesivamente”.


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