Martes, 13 Nov,2018

Editorial / ENE 19 2018

Salvar La Estación

Triste lo que ha pasado con un patrimonio histórico, lo cual ha convertido un interesante proyecto en un “dolor de cabeza” para la administración. No podemos quedarnos en lamentos.

El 16 de mayo de 2014, en la administración de Luz Piedad Valencia se efectuó la socialización del Plan Especial de Manejo y Protección de los Bienes de Interés Cultural, Pemp, dentro del cual se abordó el proyecto Complejo turístico y cultural La Estación. Ahí habrían comenzado una serie de eventos que en la actualidad se catalogan por muchos, como acciones sin planeación, las que ahora muestran una imagen de un enorme hueco y lío, que pone a prueba la gestión y diligencia del actual mandatario Carlos Mario Álvarez.

La iniciativa se había esbozado un 22 de septiembre de 2013, cuando la ahora exmandataria le anunció a los armenios que existían $10.000 millones asegurados, el que en su momento planteaba, entre otras cosas, que en el segundo piso del edificio republicano iban las oficinas de Corpocultura, y que donde se encuentra Setta, operara una gran plaza de cultura con parques y todo lo relacionado con el tema del café, restaurantes y una plaza del yipao.

En febrero de 1996, el municipio adquirió 10.000 m2 de los 30.000 que comprenden la zona de la antigua estación del ferrocarril. El terreno del cual puede disponer el municipio corresponde únicamente al ocupado por el edificio republicano y las bodegas, pues como se confirmó esta semana, la franja donde se pretendían adecuar los parqueaderos son responsabilidad de Invías, entidad que negó cederlo a la administración municipal. Allí, se han hecho unas obras, por valor aproximado a los $5.000 millones, entre ellas movimiento de tierra.

El terreno pertenecía a Ferrocarriles Nacionales, y según el decreto 1586 de 1989, por medio del cual se liquidó esta empresa del Estado, se contempló en el artículo 25: “Los bienes de la empresa Ferrocarriles en liquidación gozarán de especial protección del Estado. Las operaciones que sobre los mismos se realicen, tales como avalúos y ventas, se harán con criterio estrictamente comercial y no podrán ser objeto de donación o utilizados con fines distintos de los de la liquidación de la empresa y prestación del servicio público de transporte ferroviario a su cargo...”.

Lo siguiente ya los armenios lo conocen, se ordenó la suspensión de obras por parte de Mincultura, debido a la falta de permisos; se negaron unos recursos por Fontur en 2015, al ser declarado “no viable”; se hicieron visitas, se mandaron oficios, diligencias y a la fecha, al agregar lo de Invías, el proyecto de La Estación se convirtió en ‘complejo’, no por su impacto sino por todos los problemas.

Triste lo que ha pasado con una iniciativa que busca recuperar, proteger y habilitar un patrimonio como destino de Armenia, una buena intención que se ha empantanado, como permanece el hueco hecho en los terrenos de la liquidada Ferrocarriles. Con respeto a las autoridades, no es el momento de quedarnos en simples lamentos y quejas, sino por el contrario buscar salidas para que la obra no se convierta en un aciago detrimento patrimonial. Ello no solo le corresponde al alcalde, sino a todas las fuerzas vivas, entre ellos los representantes, gremios, entes cívicos, y demás. A su vez, los actores que generaron este embrollo deben asumir sus responsabilidades, y es obligación que los entes de control avancen con celeridad en las investigaciones porque con los recursos de todos no se juega. Señor alcalde es la oportunidad para demostrar su capacidad de gestión y diligencia, con la cual salve un proyecto y los dineros públicos. Vaya hasta las altas esferas del gobierno nacional y gestione. Y señores de Invías, no es buscar el ‘esguince’, es analizar alternativas para mitigar el efecto negativo a un complejo que podría constituirse en la salvaguarda de un patrimonio como lo fueron los Ferrocarriles Nacionales y en la estrategia para recuperar una zona de Armenia que ha estado olvidada y que sucumbe entre la inseguridad, el microtráfico y la indiferencia.

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