Sabado, 17 Ago,2019
Editorial / JUL 18 2019

Salvar la memoria

Sería paradójico que en agosto próximo cuando decenas de historiadores de distintos países lleguen al Quindío para el congreso internacional, encuentren cerrado o ya desaparecido el singular Museo Gráfico y Audiovisual.

Salvar la memoria

Desde hace trece años, Luis Fernando Londoño especialista en lenguaje y tecnología audiovisual y apasionado por la historia, creó un espacio y una figura jurídica para albergar las imágenes y registros sonoros que durante décadas fue recogiendo sobre el Eje Cafetero: gentes, paisajes y acontecimientos memorables.

Mucho del material fue grabado y fotografiado por él. Pero muy buena parte también fue recopilado a través de la investigación y la ‘arqueología’ en colecciones privadas, archivos de instituciones, cajones de familias donantes y hasta canecas de basura. 

Este es el patrimonio histórico del Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío, que funciona desde su inicio en una casa alquilada en Calarcá, y que ha mantenido abiertas sus puertas ­—de manera gratuita— a visitantes de la región y a turistas y ha servido de fuente a historiadores y documentalistas nacionales y extranjeros.

Hoy el museo cuenta con casi 400 mil fotografías, miles de minutos de vídeo y sonido y una colección única en Colombia: las primeras 23.100 cédulas expedidas en Calarcá. Algunas primeras ediciones de los libros de autores quindianos y un inventario de equipos de fotografía, grabación y reproducción que ya no se fabrican y que tampoco se encuentran fácilmente. 

Una sorpresiva y delicada situación de salud de su gestor ha puesto al museo en el doloroso riesgo de cierre. Y de ocurrir esto, el futuro de toda esa memoria visual y sonora y de estos elementos irremplazables, sería catastrófico.

El sueño de Londoño es que siga abierto. Pero también que esta adversidad sea una oportunidad para consolidarlo como tal en lo institucional, lo administrativo y lo técnico. Entidades académicas del orden nacional han mostrado interés en apoyarlo, pero requieren contrapartes locales: universidades, entes oficiales, fundaciones. El museo tendría la oportunidad de gestionar recursos a todo nivel, si cuenta con solidez, estructura y capacidad de gestión, y ese puede ser un aporte desde la academia. 

En el corto plazo hay que buscar fórmulas rápidas y creativas para permitirle al museo cubrir sus costos básicos, y aumentar sus visitas y su presencia en el menú turístico y cultural de la región. No es caridad. Es un acto de responsabilidad y un momento para demostrar nuestra visión. Si se van acabando el paisaje y la arquitectura y se van yendo los testigos, que no se pierdan los testimonios. 

Los gobiernos seccionales pueden hacer mucho por evitarlo, pero no debemos quedarnos esperando a que actúen. Es cuestión de voluntad. 

Son muchos los dolientes sinceros de esta cruzada y algunos, como Darío Fernando Patiño han empezado a impulsar y a animar este ejercicio de sinergia por una causa que vale la pena y que tienen que sacarse adelante a partir del liderazgo compartido y el encuentro de voluntades para hacer que las cosas sucedan.

Sería paradójico que en agosto próximo, cuando decenas de historiadores de distintos países lleguen al Quindío para el congreso internacional, encuentren cerrado o ya desaparecido, este singular Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net