Martes, 19 Nov,2019
Opinión / NOV 17 2018

Se agita la movilización social

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Siempre hemos afirmado que los acuerdos logrados para cesar la guerra no eran suficientes para lograr la paz social que reclama el país. Una cosa eran los necesarios pactos con grupos insurgentes y otra son los diálogos reclamados por la sociedad civil que requieren soluciones inmediatas para hacer justicia social.

Con el paulatino deterioro de la educación pública por la falta de atención por parte del estado colombiano, se ha llegado al extremo que las mismas instalaciones donde se imparte conocimiento al estudiantado, se desmoronan poco a poco. La educación se vuelve más excluyente, mientras su calidad es cuestionada desde la misma academia.

La salud es una mercancía y no el derecho de los ciudadanos. Las empresas que fueron creadas a partir de la desastrosa ley 100, han ido cayendo en quiebra con la sospecha de que sus mismos dueños las saquearon. La rentabilidad está por encima de la salud y la propia vida de los ciudadanos. Los criminales paseos de la muerte y los desfallecimientos en las extensas filas y los pasillos de hospitales y clínicas, son la muestra de un modelo fallido con graves consecuencias para la salud en Colombia.

Nos dicen día a día que la economía sigue su rumbo, es decir que las empresas y en especial los grandes conglomerados, siguen acumulando ganancias. Pero esto no lo ve el ciudadano de a pie. Sus bolsillos están cada vez más vacíos y el tan cacareado progreso no se refleja en el bienestar de los suyos. Las calles con miles y miles de indigentes. El desempleo pululando en cada ciudad del país. La inseguridad reinando y para rematar la corrupción pareciera imparable.

Las familias campesinas empobrecidas y los renglones productivos del campo padeciendo las aperturas económicas y los TLC firmados tan generosamente en estas últimas décadas. La industria nacional mermando año tras año. Lo que antes se producía en el país ahora en gran medida se importa. Y los que sí se fortalecen son los grupos financieros, la gran minería, los especuladores de la tierra y el contrabando chino.

El deterioro ambiental no cesa. El extractivismo minero se extiende socavando los territorios y deteriorando la vida de las comunidades. La contaminación llega a cada rincón, mientras se maltrata cada gota de agua de nuestros ríos y quebradas. Los proyectos energéticos siguen contando con todo el respaldo gubernamental para ganancia del gran capital sin importar la destrucción de los ecosistemas y de comunidades enteras.

Turismo masivo, desordenado y contaminante, dobles calzadas fraccionando territorios, urbanización de nuestros campos, ciudades asfixiantes y atestadas por el tráfico vehicular, monocultivos monopolizando las tierras y deteriorando el agua, etc.

Es un cúmulo de razones para que desde diferentes sectores y con diversidad de peticiones, el descontento se manifieste ante los oídos sordos de un gobierno claramente entregado a satisfacer los intereses de los todopoderosos.


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