Opinión / MAY 30 2020

Seguimos Divagando

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Las ratas de alcantarilla han salido de sus guaridas para tomarse con voracidad los recursos públicos que deberían ser destinados para la asistencia social y la atención médica en esta emergencia sanitaria. Ya son innumerables los casos de sobrecostos en contratos y algunos no necesarios y muchos menos justificables para el momento, realizados por administraciones departamentales y municipales e incluso por el mismo gobierno nacional. Una prueba más de que el pueblo colombiano sigue votando mal.

Al parecer, el sector de la educación privada, viendo la disminución considerable de los pagos por pensiones de sus alumnos, presionan al gobierno nacional para que se apresure a permitir el reabrir los centros educativos. Ya se manifiestan algunos padres de familia en contra de la posible medida. Prefieren sus hijos a salvo que arriesgar sus vidas por asistir a clases. Se sigue poniendo por encima la rentabilidad económica sobre el bienestar general. 

La pandemia frena innumerables actividades en el devenir cotidiano de la sociedad colombiana. Lo único que sigue sin frenar es el vil asesinato de líderes sociales. Las masacres continúan y la ley parece no reaccionar. Con decir que los asesinos salen sin permiso a cometer sus actividades criminales, una ministra, expresión viva del realismo mágico en tierra de Macondo, cree que ha pronunciado la tesis más audaz del siglo XXI.

Desde hace buen tiempo, hemos venido insistiendo en la necesidad de calles peatonales y amplios andenes para el disfrute y bienestar de nuestros conciudadanos en las cada día más populosas urbes, junto al fortalecimiento del transporte masivo público y menos contaminante. El culto al automóvil no les ha dejado ver esta necesidad. Ahora con las nuevas condiciones para la movilidad ciudadana y el distanciamiento social, sería una buena oportunidad para repensarlo y realizar las acciones y obras necesarias. 

Como van las cosas, los planes de desarrollo, que deben ser las guías para los respectivos gobiernos, serán una vez más, un paso hacia el abismo en que nos han venido llevando por décadas. Invitan a la participación ciudadana para legitimarse, pero no plasman en sus conclusiones las sugerencias salidas de los colectivos sociales. Pedían ampliación del plazo para discutir y aprobar estos planes, pero por igual esto parece no servirá para mejorarlos y ser más incluyentes. 

Los gobiernos retardatarios en muchos rincones del planeta están aprovechando la pandemia para ajustar sus leyes en favor del poder político-económico y en detrimento de las libertades, los derechos ciudadanos y del propio bienestar general de sus poblaciones. Obviamente, nuestro país no es ajeno a esto. Aquí se siguen decretando beneficios para quienes continúan apoderándose cada día más de la economía y de los recursos de la tierra colombiana.   

Si no repensamos nuestra sociedad, seguiremos por el camino que nos ha conducido a esta crisis socio-ambiental.  

 


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