Opinión / MAY 01 2016

Sobre la fiscalía

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Una de las principales obligaciones de un gobernante es respetar a sus gobernados.

No puede tratarlos como seres inferiores ni menospreciar su inteligencia. La gente razona, pregunta, y no acepta que el ejercicio del mando se convierta en algo sometido al secreto (que encubre faltas) o a los caprichos de los mandatarios. Todo esto viene a cuento al analizar lo que ha acontecido en el proceso de elección del nuevo Fiscal General de la Nación.

Pero, antes de entrar en materia, es menester detenerse sobre lo que hizo el señor Montealegre.

Porque él no solamente intervino en asuntos que no eran de su competencia y participó descaradamente en la política partidista, sino que incurrió en errores evidentes, en perjuicio de la administración de justicia. Veamos.

El Congreso aprobó la ley 1654 de 2013, que concedió las facultades solicitadas por el presidente Santos para reestructurar la Fiscalía y modernizarla.

Esto le permitió a Montealegre elaborar unos decretos que aumentaron exageradamente la burocracia. Casi nadie sabe que se crearon 18 cargos con el mismo sueldo y los mismos gastos de representación del Fiscal. ¿Y qué decir de los representantes del Fiscal en el exterior, verdaderos embajadores? Es evidente que nadie diferente a Montealegre estudió los decretos antes de su firma por el Presidente. Naturalmente, él mismo no leyó.

Y para no hacer de éste un recuento interminable, baste recordar el escándalo de los contratos con Natalia Marlene Lizarazo Tocarruncho, quien se presenta como Natalia Springer Von Shwanzenberg o, sencillamente, Natalia Springer. Esta señora se echó al bolsillo aproximadamente cinco millones de pesos, por hacer algo que no se necesitaba y que tampoco se supo a ciencia cierta en qué consistía.

 

Menos mal que se le acabo el tiempo a Montealegre, porque no hay mal que dure cien años.
Para reemplazarlo, el Presidente se inventó un concurso y dispuso que los interesados que reunieran los requisitos se inscribieran, con el fin de escoger los tres candidatos que se presentarían a la Corte Suprema de Justicia.

Ciento cincuenta ingenuos mordieron el anzuelo. Y al final quedó en claro que todo era una comedia y que la terna estaba hecha hace tiempos. Integrada, naturalmente, por personas cercanas al Presidente: Néstor Humberto Martínez, Mónica Cifuentes y Yesid Reyes.

Los tres son personas respetables, que reúnen las calidades que exige la Constitución. Su independencia en el ejercicio de sus funciones solamente dependerá de ellos.

Pero el caso de Martínez sí merece algunos comentarios. Es persona de extrema habilidad para moverse en medio de las intrigas palaciegas.

Así lo demuestra su participación en los gobiernos  de Gaviria, Samper, Pastrana  y Santos. En este último desempeñó un superministerio cuyas funciones al parecer nunca fueron conocidas. 

Al desvincularse del gobierno de Santos, volvió a su oficina de abogado que no cerró nunca. Poco después anunció su asociación con una oficina de abogados extranjera.

Hasta aquí no hay nada raro. Lo que sigue sí es insólito: la inauguración de la nueva oficina.

¿Cómo fue esa inauguración? La encabezó el Presidente de la República. Nada más estrambótico. ¿Qué mensaje envía este funcionario a todas las empresas nacionales y extranjeras que  tengan negocios con la Nación? Que hay una oficina de abogados estrechamente relacionada con el gobierno nacional.

¿Cómo son  las relaciones entre el Presidente y estos abogados privilegiados? Solamente ellos lo saben: los demás tenemos que conformarnos con hipótesis, con presunciones.

Al llegar a la Fiscalía (lo cual no es improbable si se tiene en cuenta que lleva meses haciendo cabildeo ante los magistrados), no cerrará su oficina. Y el poder de ésta se multiplicará, como cualquiera lo entiende. Habrá múltiples conflictos de intereses.

Definitivamente, Néstor Humberto Martínez no es el mejor candidato. Por el contrario: es difícil encontrar otro que tenga tantos peros.

En cambio, Yesid Reyes despierta confianza. Ha ejercido la profesión con sabiduría y decoro, y fue discreto como ministro de Justicia.

Nota final. La corrupción y las declaraciones de renta: como si se tratara de una vacuna o de un remedio contra la corrupción, el Presidente sugirió a sus ministros publicar sus declaraciones de renta. ¿Quién dijo que en ellas aparecen lo dineros conseguidos ilícitamente?   

 


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