Opinión / AGO 10 2020

Sonreir con la mirada

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es necesario cuidarnos… Manteniendo la calma y la fe, debemos volvernos expertos en prudencia, conciencia y cuidado. Hemos de aprender a convivir con una realidad que se ha extendido en el tiempo y nos confronta, pues de las costumbres que desarrollemos, dependerá nuestra supervivencia y el bienestar de aquellos a los que amamos.  

Un elemento fundamental tiene que ver con el uso continuado del tapabocas, en todos los escenarios y de manera particular en la calle. Produce escozor la inconsciencia de algunos, que llevan este elemento puesto en el cuello o en la mano, ajenos a comprender que cuidarse es un asunto ético, pues al ignorar las directrices, no solamente se ponen en riesgo a sí mismos, sino también, a su círculo social. 

Tenemos que hacerlo, sin excusas, ni evasivas, pues la sociedad debe continuar su marcha, la economía tiene que reactivarse y las unidades productivas requieren funcionar para ser fuentes de empleo y riqueza; para mantener activa esa espiral productiva que permite que el pan llegue a cada mesa y las familias puedan suplir sus necesidades. 

Son comprensibles las medidas adoptadas por los gobiernos en procura de frenar la curva de contagio, sin embargo, encerrarnos y detener las dinámicas comerciales, es contraproducente para el bienestar general.  

Lo que urge es la toma de conciencia individual, el compromiso consigo mismo y con el otro, la comprensión de la dimensión real de lo que ocurre y la conducta seria, responsable, honesta de cada quien. Burlar las medidas de bioseguridad, creerse listo por observar una forma de rebeldía que raya en la estupidez, es hacerse parte del problema en lugar de aportarle a la solución.  

Lo que nos ha llevado a la actual situación es tomar las cosas a la ligera, ignorando la dimensión del problema y pensando como ante muchas cosas que: “eso solo le pasa a los demás”. El virus es una amenaza real, el nivel de positivos en Armenia es alto y la situación solo se podrá controlar con disciplina social. 

El tapabocas es mandatorio, aunque, por supuesto, genera algún nivel de incomodidad, que podemos elegir asumir como algo que traerá un bien mayor. También nos priva de cosas hermosas a las que estamos acostumbrados. Una de ellas, la sonrisa: franca, abierta, festiva, continua, que nos regalamos al encontrarnos en todo lugar.  

Esa nota de alegría, tan propia de nuestra identidad compartida, esa manera de ser que refleja dicha satisfacción y bienestar interno, es algo que se comunica a los demás y aporta a la felicidad social. 

Combinando la urgencia del uso del tapabocas con la calidez que nos caracteriza, nuestro reto ahora es aprender a sonreír con la mirada, expresar nuestro afecto de otras maneras, crear cercanía de una forma distinta a la proximidad física y hacer llegar con palabras y mensajes, nuestro cariño a los otros. 

Unos ojos que sonríen… brillan, reflejan alegría y entusiasmo, transmiten vitalidad y comunican esperanza y emociones positivas. Una mirada que sonríe, entrega calma y fortaleza.  

Sonríe a todos, extraños y conocidos, cercanos y ajenos, parientes y transeúntes que encuentras en tu camino… Porque el amor es una fuerza poderosa, que puede expresarse, también con tapabocas…


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