Viernes, 22 Nov,2019
Opinión / AGO 09 2019

Su vida, para ellos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Desde las 5:00 a. m. camina de prisa para cumplir sus obligaciones de madre con tres hijos que aún viven a su lado. El desayuno está listo, sus hijos parten para el colegio. Adolfo, su esposo, sale a trabajar en las casas que arregla, cuida, y mantiene para sus patronos.

El calor de las 7:00 apremia, arde en sus pies descalzos sobre la arena. La suave brisa mece las palmeras, pero no alcanza para calmar el sudor que, desde esa hora, agota. Las arepas de huevo están listas: manjar propio de la costa caribe que, ayuda a mantener la energía suficiente para caminar largas horas sobre la playa. Las personas que atiende en Mi Refugio, casa sobre la playa Guacamaya, Tolú, Sucre, degustan tal manjar mañanero, cruzan el patio de arena caliente, y se sumergen en el mar. Las olas arrullan. Caminan dos o tres cuadras con el abrazo cálido de ellas, entonces, la arena, igual de porosa, cambia de temperatura. El frío acaricia los pies. El horizonte choca contra el infinito mar.

En el sopor del mediodía, después del almuerzo —pargo rojo frito, arroz con coco, patacón remojado en suero, ensalada y limonada— los visitantes son invitados al entrenamiento de la selección Guacamaya. No importa el calor sofocante, los deseos de correr y patear el balón, priman sobre las necesidades de carretera, puesto de salud, alcantarillado, acueducto o vivienda digna. Los 15 integrantes del equipo llegan antes. “La seño Tere nos enseñó a ser cumplidos”, dicen, “nos alienta y da agua”.

La seño Tere ayudó a organizar la cancha. Al lado de la casa donde vive despejó, con machete, los jugadores y esposo, el espacio de 20 metros de largo por 10 de ancho, donde todos los días, después de las 4:00 p. m., corren, gritan y sueñan con llegar lejos. “Al Juventus”, dice Marcos Llerena, el capitán. Adolfo es el director técnico y entrenador. Bajo la supervisión de Tere rellenaron la cancha con arena de la playa, en interminables días de trabajo agotador. Cortaron los palos para organizar las dos porterías e hizo el saque de honor.

Cuando la selección Guacamaya gana, Tere grita y ríe, pero la felicidad no es plena. No tienen uniforme, juegan con petos confeccionados con rapidez y poca pericia. Les hace crispetas. Los futbolistas salen a descansar, otras veces al caño de agua fría, en el puente de madera, a diez cuadras de su casa.

“La seño Tere también nos aconseja”, dice Jeyson, el goleador, “tanto que los 15 jugadores estudiamos”. Le alcanza el tiempo para lavar ropa, asear la casa, organizar la comida, botar basura, ir de compras, y pensar en sus padres. Viven en Tolú y los ayuda. Están viejos, enfermos y sin jubilación. Les regaló una lavadora que alquilan a los vecinos y con las ganancias compraron otra, “más grande, de 14 libras”, dice Tere orgullosa. Baja la cabeza y piensa en sus jugadores, confiesa: “con una máquina de coser, los haría campeones con uniformes”.


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net