Sabado, 19 Oct,2019
Opinión / SEP 19 2019

Tiempo sin tiempo

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Usted me ha motivado, o mejor dicho, su conversación sobre lo injusto de la justicia me ha estimulado a contarle algo diferente de aquella historia del accidente, que usted ya conoce, y que ahora  estoy dispuesto a ser sincero, querido amigo.

Eso pensaba yo durante estos 22 años que esperé inútilmente la justicia, que pasarán otros más para escuchar, quizás, que el proceso finalizó por vencimiento de términos. Los doce muertos, resultado del accidente no importaron a jueces ni magistrados; el abogado defensor de Expreso Trejos, la empresa responsable, abusó del sano proceder, y el tiempo se convirtió en su trofeo, lo que oye, querido amigo, el tiempo.

Sepa usted que Gabriel García Márquez describe sabiamente el  triste castigo de la eterna espera a que condena el gobierno a un servidor público, en aquella memorable escena en la cual el coronel sufre la mentirosa acción estatal, en representación de miles de víctimas. Ciertamente, y las consecuencias de la inútil espera no son exclusivamente de carácter económico, sino también emocional. Las huellas en el corazón son tan desmesuradas que arrastran a la familia a sufrir con mayor intensidad, el abandono del Estado. 

Querido amigo, esperar la muerte es humano, esperar la justicia mata. Casi un cuarto de mi vida he pasado pendiente de la justicia; el tiempo pasó, me jubilé, mis hijos se graduaron con estudios de posgrado, mi nieto ya está en el colegio, y, todos, aún esperamos que se haga justicia. Dentro de ti tu edad/creciendo/dentro de mi edad/andando…Oda al tiempo, de Pablo Neruda, ayuda comprender cómo aquel nunca se detiene.

Desesperado por el paso del tiempo, sin noticias sobre la decisión del Consejo de Estado, decidí escribirle una carta al magistrado Danilo Rojas B, encargado de mi caso, para que tomara en cuenta el extenso período. La primera, con fecha julio 21 de 2017, contaba mi desvelo por la injusta tardanza, y le pedía que tomara cinco minutos de su tiempo, porque yo, querido amigo, había esperado 10.512.000 minutos.

Después de la carta 14, escrita en agosto 20 de 2018, donde afirmaba que me sentía prisionero del tiempo, al estar condenado a esperar por 11.100.606 minutos, recibí notificación del Consejo de Estado donde me exigía presentarlas a través de mi abogado. ¡Más de once millones de minutos! y me exigían seguir un trámite burocrático. El tiempo de revisar el expediente y escribirme se hubiera invertido en aplicar sentencia. Obligado por tal formalismo, tuve, querido amigo, que escribirle a la magistrada Stella Conto del Castillo, consejera ponente, reiterándole que otras cartas serían enviadas por mi abogado. Esta carta la envié en septiembre 7 de 2018; es decir hace un año.

Insisto, el tiempo de la justicia pasó, se tornó negro y agrio. Tal vez somos muchos los colombianos que sufrimos tal drama; hay que sentirlo para reconocerlo. Faltan las palabras para medir la injusticia, porque, como dice Mario Benedetti…Vale decir preciso/o sea necesito/digamos me hace falta/tiempo sin tiempo. Querido amigo, quisiera un tiempo más sin tiempo.   


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