Domingo, 21 Jul,2019
Editorial / JUN 12 2019

Transitemos

Cada desafortunado evento protagonizado por los idearios y excombatientes de la guerrilla fariana, después de la firma de los acuerdos de paz, tiene que molestar y doler pero no debería provocar la idea de que hay que desandar los pasos dados para conseguir la paz.

Transitemos

La posesión de Jesús Santrich, cerebro de las Farc, este martes en la mañana como representante a la Cámara por el recién creado partido político de la rosa roja, de nuevo pone a prueba la valentía e inteligencia emocional que tiene la mayoría de colombianos. Es natural esa extraña sensación que pareciera ser común a muchos, y que además raya de manera justificada en lo ofensivo, producida por ver pasar de la cárcel al sagrado recinto en donde se ordena legislativamente el país, a uno de los cabecillas de uno de los partidos revolucionarios más violentos del mundo.

La vida del excombatiente de las Farc, acusado de una presunta vinculación al narcotráfico después de lo firmado en La Habana, ha tenido varios episodios que provocaron irritación social, política y mediática; por eso protagoniza tantos minutos y columnas en los medios, para la muestra cinco botones: 1.- Cuando transcurrían los diálogos de paz en La Habana, al ser requerido por reporteros de la televisión española que le preguntaron si le pediría perdón a las víctimas, respondió cantando, con burla y abrazado al también exguerrillero Iván Márquez: “Quizás, quizás, quizás”; 2.- Tras ser capturado, el excombatiente tuvo que ser internado en el hospital El Tunal para que le trataran las complicaciones de salud derivadas de la huelga de hambre que emprendió, provocada según él por la injusticia que se estaba cometiendo en su contra, pese a que un video lo condenaba; 3.- Al salir del centro médico no fue llevado de nuevo a la cárcel, terminó recluido por ‘razones humanitarias’ en la fundación Caminos de Libertad, una sede de la Conferencia Episcopal de la iglesia católica; 4.-Apenas unos segundos duró Santrich en libertad, luego de que la Jurisdicción Especial para la Paz le concediera la garantía de no extradición y ordenara su libertad; 5.- Mientras esperaba su boleta de libertad, el líder del disuelto grupo subversivo, se autolesionó las manos, lo que obligó atención inmediata por parte de las autoridades.

Todas las trascendencias mediáticas de Zeuxis Pausias Hernández Solarte, más otras como la de mirar su celular en un avión aunque padece ceguera provocada por el síndrome de Leber, sumado al tamiz de enfrentamientos meramente políticos, por el que ha tenido que pasar el proceso de paz, han ocultado las verdaderas razones por las que hay que apostarle a un escenario de tranquilidad y sensatez colectiva para avanzar en la solución definitiva de un conflicto interno que ha afectado a cuarenta millones de personas. 

Cada desafortunado evento protagonizado por los idearios y excombatientes de la guerrilla fariana, después de la firma de los acuerdos de paz, tiene que molestar y doler pero no debería provocar la idea de que hay que desandar los pasos dados para conseguir la paz. En ningún caso el país está peor de como estaba antes de las mesas de diálogo, las cifras y los hechos así lo demuestran. Claro que tiene que haber justicia, es obligación la reparación e innegociable la verdad, pero, en este caso, es más fácil corregir sobre lo imperfecto que arrancar de cero, eso generaría un nuevo drama, un nuevo dolor, un nuevo conflicto.

El país pasa por una de las etapas previamente conocidas por todos: justicia transicional, que eso no lo olviden ni lo oculten en sus discursos los contradictores del proceso; estamos en un periodo de adaptación necesario después de tantos años de violaciones masivas y repetidas de los derechos humanos, una etapa necesaria porque la justicia ordinaria no puede y no es capaz de enfrentar un periodo tan largo de conflicto, ningún país ha sido capaz. 

Transitamos de una guerra que ha dejado cientos de miles de muertos, igual número de familias destrozadas, innumerables masacres, innombrables atentados, retenes ilegales, secuestros, narcotráfico, varias generaciones perdidas y un campo atrasado y abandonado, a una paz imperfecta, que en cualquier caso es un mejor escenario para buscar una paz estable y duradera.

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