Lunes, 20 Ene,2020
Opinión / OCT 31 2019

Tribunales de guerra

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Según la confesión ante la JEP de los comisarios de las Farc, la cifra de secuestrados por ese grupo armado y que murieron en cautiverio sería de 574 personas, pero teniendo en cuenta las denuncias de la delegada de la Procuraduría, ellos no dijeron la verdad, se negaron a responder muchas preguntas, algunos de los comandantes no asistieron y finalmente otros se limitaron a entregar una libretica con su ‘confesión’ por lo cual esa cifra puede alcanzar la de 1.500 secuestrados asesinados. ¿No era un juicio público? De la supuesta confesión de cada comandante se sabe que fue privada y la confesión “colectiva” fue de nuevo una ofensa a la justicia universal. 

¿A quién de los juristas de la JEP se le pudo ocurrir que existen ‘confesiones colectivas’ de crímenes de lesa humanidad como el secuestro y la tortura? En este caso la responsabilidad es siempre personal de manera que la farsa jurídica vuelve a ignorar el trágico trasfondo de humillación y de ofensa a la dignidad de un secuestrado a quien además se lo sometía a morir en condiciones de estremecedora crueldad. Se ignora que —y no dejaré de repetirlo— como lo han puesto de presente los distintos juicios a la crueldad totalitaria en los diversos conflictos armados del mundo desde el siglo XIX hasta hoy, que ninguna causa religiosa o política puede ignorar el respeto al ser humano ni puede justificar la directa responsabilidad personal de los señalados de crímenes de guerra lavándose las manos con el consabido ‘Yo recibía órdenes’. Y lo decisivo en una justicia verdadera es que cada caso se clarifique señalando las distintas responsabilidades de cada comandante en lo referente a su responsabilidad personal.

Ante los ojos de la justicia civilizada —pero ¿es que puede haber otra?— el Paisa es un psicópata asesino pero mirado bajo la doctrina del leninismo aparece como un consumado revolucionario que no se detuvo ante ningún escrúpulo para obtener los fines que buscaba. ¿A cuál clase de justicia se acoge entonces la JEP? Para Marx, el Paisa es lo que él califica como “el revolucionario absoluto” o sea el ciego fanático que ya ha perdido la noción de lo que es y no es humano. ¿Bajo este concepto leninista no fusiló las Farc hace algunos años a tres concejales, una mujer entre ellas en el distrito bogotano de Sumapaz?

Un solo niño asesinado en un secuestro, un soldado enfermo que dejaron morir sin piedad alguna en cautiverio mientras su hijo suplicaba por verlo constituyen el peor de los escándalos morales y señalan directamente la responsabilidad de quienes justificaron imbecilidades como ‘la moral revolucionaria’ ‘la necesidad del terror revolucionario’ propios de una ideología homicida . 

El peligro contra la paz lo continúan constituyendo aquellos que ante la verdad de un crimen de lesa humanidad se niegan a admitir su culpa y los jueces que eluden hipócritamente cualificar lo que estos crímenes mayúsculos suponen y unos medios de comunicación que convierten un juicio histórico decisivo para el inmediato futuro del país, en una noticia más, prefiriendo guardar una indiferencia inmoral.


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