Domingo, 13 Oct,2019
Opinión / AGO 17 2019

Un Padre nuestro para el camino

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El sábado anterior decidí aceptar la invitación de mi dilecto amigo Carlos Alberto Sierra, quien está muy interesado en incluir un modelo de turismo para Génova, al punto de haberle dedicado un capítulo especial en su plan de gobierno para la alcaldía de este, el municipio más alejado de la capital del Quindío. 

El potencial que tiene el municipio es tremendo cuando se juntan las bondades rurales y las que se pueden encontrar ahora en la cabecera municipal. 

Decidí, en vez de utilizar mi auto, irme en transporte intermunicipal para vivir lo que puede sentir un turista que opta por visitar a Génova. Tomé un bus de la empresa Cotracaice hasta el cruce de caminos, en donde todavía sigue activa la Fonda de toda la vida, teniendo en este lugar solo dos opciones, o es Génova o es Calcedonia. Una vez allí, luego de una breve espera de 10 minutos, abordé la buseta de Coomoquin y como iba en función de cronista preguntón opté por la opción de la silla al lado del conductor, con tan buena suerte que este me recibió con la amabilidad que caracteriza a estos prestadores de tan valioso servicio. Manuel José de una se volvió mi amigo, y de ahí hasta el destino final fueron muchas las historias que me contó. 

Llama mucho la atención al viajero unas vallas ubicadas a mano derecha con las frases que de inmediato identifiqué como las de la oración del Padre nuestro, a todas estas, me contó Manuel que un católico fiel decidió hacerle un homenaje a su culto religioso, extendiendo la oración a lo largo de la vía. Ya me imagino a los viajeros pidiendo al chofer que los deje en “Perdónanos nuestras deudas” y otros en “Líbranos del mal”. En mis tantas millas acumuladas a lo largo de mi constante trasegar, no había encontrado idea más original; vale la pena mantener este Padre nuestro en muy buen estado.

Con Carlos Alberto, y bajo la experta guianza de Fernando Franco Ceballos, recorrimos el casco urbano, haciendo paradas obligadas en casas de estilo Neo colonización antioqueña; entre las varias visitadas me llamó la atención la Casa Serna, en donde su residente Viviana Areiza me educó en temas de la casa y de su entorno. Invito a los turistas que decidan a ir a Génova, apoyarse en Fernando Franco; es un relator genial, con un amplio conocimiento de la región. Génova tiene mucho para mostrar, su iglesia, la plaza principal, la Calle del Yoyo, etc. Los personajes típicos, con quienes es menester interactuar, le imprimen además a este destino una razón única para visitarlo. Tienen que probar la lechona de “Vichu” atendida por su propietario Guillermo Giraldo. 

Veo para Génova un desarrollo turístico sostenible alrededor de la gastronomía, la plaza del café, con algunas muestras de cerámica precolombina, las cascadas y el páramo de Chilí. Hay que disfrutar esta aventura en transporte intermunicipal, sin el stress de conducir. Les gustará.

Traviajando ando.

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