Sabado, 07 Dic,2019
Opinión / NOV 13 2019

Un poco más de optimismo

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Aunque han transcurrido apenas dos semanas y dos días de la encuesta final, la única y verdadera, la que demostró la realidad del Quindío desde su perspectiva democrática en su interés por elegir a nuestros gobernantes, han sido muchas las horas en las que tanto José Manuel Ríos como Roberto Jaramillo Cárdenas le han puesto la cara a personas e instituciones que nada tuvieron que ver con su elección.

Esa es una buena señal; parece que se aproxima un mejor clima en el quehacer administrativo y político del departamento. No hay ni la menor duda de que lo que pasó en las elecciones es un llamado fuerte a los dirigentes políticos, si se les puede llamar así por ser personas investidas de dignidad y autoridad. O acondicionan estos señores sus planes a los vientos huracanados de cambio profundo que estamos viendo, o el pueblo, en este caso los quindianos, buscaremos otras soluciones con fuerza de escape para salir de manera inevitable del caos a que los corruptos y pordioseros electorales nos han sometido.

Es evidente el mayor optimismo. Los gobernantes que van a empezar el primero de enero no se han encontrado con perversos administradores de corrupción en el proceso de empalme. Eso no ocurrió hace cuatro años cuando todo apuntaba a direccionar guaridas de ladrones buscando efectos impunes que han sido hasta hoy causa de que muchos delitos distintos a los públicamente conocidos todavía estén escondidos por la Fiscalía y la Procuraduría. Pasaron cuatro años y hay delitos engavetados, por los que la justicia no ha hecho un carajo como si ella fuera patrocinadora de delincuentes.

Señores gobernador y alcalde: el Quindío los quiere progresistas, nadie quiere más gobernantes comprometidos con la justicia y por el contrario un deseo colectivo abriga la esperanza de verlos salir airosos de sus cargos dentro de cuatro años. Con la frente en alto y la satisfacción no sólo de haber sido ejecutores de programas concertados con la sociedad, sino por haber demostrado que los delincuentes que todos conocemos no les direccionaron a su amaño y que los gobiernos tuvieron en cuenta el sonido de la corneta que alertó a los politiqueros el pasado 27 de octubre.

El Quindío es un territorio político demasiado joven. No hay que dejarlo envejecer por su inutilidad. Cambiar esto, es el deseo digno y diáfano que está en la mente de los buenos ciudadanos. Quienes no perseguimos nada distinto de la prosperidad, invitamos a los gobernantes electos al rescate de la dignidad y el decoro regional.

Nos interesa solo el futuro y lo queremos con salidas decentes que interpreten el desasosiego colectivo. Una política de compromisos que llegue a honrar por igual a gobernantes y gobernados. Hoy tenemos más brillo en la luz de la esperanza, no obstante quedan sombras con las que los delincuentes quieren opacar el camino para que siga la desesperanza. Hoy tenemos, Roberto Jairo y José Manuel, un mayor optimismo. 

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