Opinión / MAY 13 2020

Un rechazo

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Uno de los primeros cuentos de Gabriel García Márquez que recuerdo haber leído en la adolescencia temprana es El rastro de tu sangre en la nieve. En mi incipiente afición lectora me topé con un pequeño volumen pirata que también contenía El verano feliz de la señora Forbes. De la historia de Nena Daconte y Billy Sánchez recuerdo que en ese momento me llamaron la atención las breves escenas eróticas y la persistencia de la sangre en el dedo de la muchacha. Poco más. Ni el desarrollo ni el desenlace de la historia se fijaron en mi memoria.

Aunque el entusiasmo por la obra del nobel creció, concentrándose en su narrativa corta y el trabajo periodístico, durante mucho tiempo no volví a ese cuento. Supe después, porque lo leí en el prólogo del volumen en el que aparecieron esos 2 cuentos en 1992, Doce cuentos peregrinos, que ambas historias habían sido escritas en 1976 y que se habían publicado entonces en suplementos de varios países.

Los cruces entre lo periodístico y lo ficcional, el elogio de la reescritura y la exaltación de la unidad temática y estilística hacen del prólogo de ese libro —Porqué doce, porqué cuentos y porqué peregrinos— una pieza apasionante y esclarecedora sobre el método de trabajo de García Márquez. Sobre los cuentos las valoraciones son tan variables como los gustos de los lectores que se acercan a ellos. Si se aborda como el libro de un autor veterano y consagrado, el último publicado de su producción cuentística, puede haber algunas decepciones, sobre todo si se pone en perspectiva junto a las 2 cumbres que supusieron Los funerales de la Mamá Grande y La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada en los 60 y 70.

Hace algunos meses, The Harry Ransom Center, la biblioteca museo de la Universidad de Texas en la que reposa el archivo de García Márquez tras su muerte, dio a conocer una carta con fecha del 15 de julio de 1981 en la que Roger Angell, uno de los editores de la revista The New Yorker, le escribe al autor: “Creo que Carmen Balcells le ha informado que, a regañadientes, hemos decidido no publicar su nuevo cuento, El rastro de su sangre en la nieve. La historia se caracteriza por la brillantez habitual de su escritura, pero a nuestro modo de pensar, su resolución no lleva al lector a aceptar su atrevido y bello concepto”.

15 meses después de esa comunicación, la Academia Sueca anunciaba el Premio Nobel para el colombiano. Resulta inevitable preguntarse qué pasaría por la cabeza del editor y las directivas de la revista en ese momento, tal vez solo quedó como una anécdota más de rechazos en el mundillo literario para recordar.  

La historia de ese rechazo me hizo volver al cuento, que releí con placer renovado y pensando en lo que diría García Márquez sobre eso de que “su resolución no lleva al lector a aceptar su atrevido y bello concepto”.  

 


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