Martes, 15 Oct,2019
Opinión / SEP 15 2019

Utilitarismo y libertad personal

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No es fácil comparar los sentimientos, como la libertad, y otras actividades humanas como sujetas a leyes fijas con la pretensión de predecir el futuro de una sociedad así como se predicen acontecimientos celestes. Las circunstancias particulares que inciden sobre la conducta humana son innumerables y a veces difíciles de descifrar. Conocer a fondo deseos, motivaciones e intenciones es imposible. La lógica como arte de razonar ha proporcionado principios y reglas a las ciencias para aproximarse al conocimiento de los otros e intentar explicar y dar razón de sus actos. La diversidad de dichas aproximaciones e intentos depende de la misma imperfección de las ciencias, así se apele a la precisión del lenguaje, a la exactitud de clasificación científica de los datos y a la cantidad de variables que proporciona la observación. A ello se agrega el proceso mental que supone capacidad de análisis para llegar a conclusiones lógicamente deducidas y un sistema conjetural propio de las ciencias sociales o morales.  

Quiere decir que hay algo en la conducta humana que merece una explicación más razonable y comprensiva. La cuestión es, dice John S. Mill, si la ley de la causalidad se aplica a las acciones humanas como a los fenómenos físicos y si el poder de la voluntad supera sus propias circunstancias y limitaciones. Presumimos que los actos realizados son libres, suponemos que tienen causas determinadas o desconocidas, y que, sin embargo, es posible prever los actos que alguien va a realizar por el conocimiento de su carácter, educación y entorno. Si hay dudas sobre sus decisiones es porque no conocemos otros factores que influyen en su conducta para comprender su situación personal y actitud vital, aunque no haya conocimiento completo, y prevalezca la incertidumbre.

El término lógico de necesidad no es apropiado para considerar el sentimiento de libertad personal porque es un error aceptar que existen causas imposibles de contrarrestar, o que algo ocurrirá y no hay nada que lo impida. Aquí no cabe el fatalismo. Los actos no dependen solamente del entorno o de la educación: existe el poder de la voluntad individual para superar lo que uno es por la posibilidad de ser uno mismo el actor y lo que considere su deber ser. Es posible por la voluntad ser diferente de lo que uno es, imaginar que podemos cambiar las circunstancias y el carácter si nos lo proponemos. Esta viene a ser la libertad moral de quien no es esclavo de mentalidades ancladas en pasiones y odios. Es indispensable el deseo de adquirir conciencia de la libertad personal y aceptar el poder de la mente en cambiar las circunstancias y el modo de pensar.


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