Editorial / AGO 14 2020

Vanidades

Armenia estuvo ayer con dos decretos que ordenaban, cada uno, un pico y cédula diferente. Entre tanto la ciudadanía desorientada sin saber qué hacer y todo por cuenta de la vanidad reinante en el despacho principal del CAM.

 

Vanidades

En lo poco se ve lo mucho, decían los abuelos y es verdad. Ayer, según el decreto departamental 464 del 12 de agosto de 2020, avalado por el ministerio del Interior y firmado por el gobernador de Quindío, Roberto Jairo Jaramillo Cárdenas, el pico y cédula para el departamento correspondía a los números impares, pero según el decreto emitido días anteriores por la alcaldesa designada del municipio de Armenia, Claudia Milena Rivera Arévalo, la circulación de personas solo estaba permitida para personas con cédulas terminadas en número par.

 Entre tanto la ciudadanía desorientada en algo tan simple y todo por cuenta de una vanidad administrativa innecesaria. Así no se pude gobernar una ciudad. Qué afán de protagonismo y que sensación de desgobierno se sigue enviando desde la silla principal del CAM con esa falta de sentido común y de prolijidad para administrar. El lunes pasado hubo un consejo de seguridad liderado por el gobernador, en el que participaron todos los alcaldes y representantes de gremios, la salud y las autoridades militares y de Policía. En el se acordó tener un solo decreto para todo el departamento y que sirviera para regular, entre otros asuntos, la movilidad de las personas y atenuar con ello el impacto de la pandemia en la salud de los quindianos.

Se tomó su tiempo la alcaldesa encargada de Armenia. Sus razones tendrá y quedará para el análisis en el seno del consejo de gobierno local si ese ritmo para tomar decisiones es el que necesita y le conviene a la ciudad. Qué necesidad había de añadir un día más de incertidumbre, como si fuera poca la que hay, a la cotidianidad de empresarios, comerciantes y demás ciudadanos en algo que se pudo resolver sin tanto aspaviento. La reunión de los alcaldes y el gobernador fue comenzando la semana y tras ella quedó claro cuáles iban a ser las medidas, pero solo cuatro días después, incluso luego del visto bueno de Mininterior, la alcaldía local convocó un consejo de seguridad para discutir y analizar lo que ya se había discutido y analizado, y acogerse a la norma departamental como en efecto sucedió.

El procedimiento para sumarse al decreto firmado hace dos días por el gobernador Jaramillo Cárdenas se pudo haber agotado sin agotar a la ciudad esta vez con la especulación sobre quiénes podían transitar por la ciudad el jueves y bajo qué condiciones, y si la alcaldía asumiría el decreto unificado. Aunque no se crea ese ‘tiempito’ que se tomó la alcaldesa Rivera Arévalo, para decidir lo que se sabía iba a decidir, termina afectando no solo la movilidad, sino las citas médicas, las operaciones comerciales y financieras, etc. Administrar una ciudad supone una complejidad natural que no se puede acrecentar fruto de la improvisación y la vanidad. 

Por fortuna esa unidad que anunciaron desde el centro administrativo departamental hoy es una realidad y ya todos los alcaldes se sintonizaron con un solo decreto. Como quedó la norma se protege y privilegia la salud sin enterrar la economía local. Dependerá del compromiso ciudadano que haya nuevas restricciones y más fuertes o que las que se acordaron permanezcan.

Lejos de que Quindío sea visto como la versión criolla del absurdo enfrentamiento conceptual entre el presidente de la República y la alcaldesa de Bogotá, en este territorio tiene que haber unidad, es la única forma de superar esta prueba. Todos tienen que poner ideas y voluntades y deponer orgullos y vanidades.

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