Martes, 28 Ene,2020
Editorial / DIC 07 2019

Velitas por la paz

Que esta Navidad, por lo menos la nuestra en el territorio, sea de paz y en paz, que brille la luz de la convivencia y la tolerancia, sin desconocer los retos y dificultades que la truculencia diaria nos señala.

Velitas por la paz

Los despliegues de luces y colores en estos últimos días han marcado el inicio del tiempo de Navidad. Es inevitable que olor y sabor de la natilla y los buñuelos empiezan a condimentar un tiempo distinto que desde la semántica familiar toma un valor muy importante y es entonces cuando empiezan a aparecer los mensajes de buena y mejor intención para que haya un buen cierre de año y un comienzo de 2020 mucho mejor.

La noche de las velitas es una de las festividades más tradicionales de Colombia, con la que se celebra el dogma de la Inmaculada Concepción de la virgen María. El festejo de tradición católica varía según las regiones del país, pero generalmente empieza desde la noche del 7 de diciembre, con el encendido de faroles y velas que iluminan casas, vecindarios, calles, centros comerciales, iglesias, pueblos y ciudades. Esta celebración marca el principio de las fiestas navideñas en el país y se prolonga hasta el 8 de diciembre, cuando en muchos hogares creyentes se izan banderas blancas con la imagen de la virgen María.

Este tipo de celebraciones, que normalmente convocan el arraigo de la fe, bien podrían servir como momentos de convergencia hogareña y de vecindario como para que esas luces que despuntan las velitas invitaran a la oración y al tiempo a la reflexión sobre la paz, ya no como un asunto grueso de Estado o de alta política, sino como un tema de familia. Un asunto de convivencia básica en el hogar, en la familia, en el vecindario, en el barrio, en la comuna, en la ciudad y en todos esos entornos y órbitas del día a día como el mismo trabajo.

Que bueno un diálogo sereno al interior de los hogares como para repasar los acuerdos de paz de familia, los míninos para incubar y contribuir con a paz grande desde la paz pequeña, esa inevitable que nos incumbe y que hace parte d e nuestra agenda diaria. Que bueno, intercambiar pareceres y desde el respeto por la diferencia dialogar sobre lo que pasa en la ciudad, en el departamento, en el país, en el mundo, pero primero, y antes que nada, lo que pasa en nuestro hogar y nuestra familia.

Siempre será importante encontrar motivos y oportunidades para que los diálogos de paz se constituyan en parte activa de nuestras conversaciones, especialmente en medio de tensiones y diferencias que producen los libretos de la política y del quehacer público con todo y sus escándalos y demás bemoles. A veces pensamos que la paz como una aspiración sólida y duradera es asunto del presidente o del Estado como tal, y se nos olvida que lo que hagamos por la paz nuestra y cercana y lo extendamos a la ciudad en la que vivimos, es quizás la cuota más importante como para que los ambientes y perfumes de paz se rieguen por todo el país como ingrediente vital y luego, como presión inevitable para que sea, ella, la paz, un tema de la agenda nacional de fondo, estructural y no un comodín del oportunismo político o mediático que muchos pretenden.

Que esta Navidad, por lo menos la nuestra en el territorio, sea de paz y en paz, que brille la luz de la convivencia y la tolerancia, sin desconocer los retos y dificultades que la truculencia diaria nos señala en medio de escándalos que le producen ruido a las tonadas de los villancicos que están a punto de sonar.

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