Jueves, 12 Dic,2019
Opinión / NOV 16 2019

¿Y después de la fiesta electoral qué?

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El título de mi columna es un poco boba. Porque la respuesta es simple: ¿y después de la fiesta electoral qué? Pues nada, aquí no va a pasar nada. Punto. 

 

Sin embargo,  me gustaría ver al alcalde electo de Armenia iniciando su gobierno anunciado que les va a devolver la plata a las personas que pagaron las obras de Valorización que no se hicieron. Segundo acto: para levantar la moral administrativa, quiero escuchar de él que va a derogar dicha fuente de recaudo. Pero para eso se necesita tener muchos cojones. No creo que lo haga. 

Quizás entonces recae en mí un tipo de escepticismo por la misma realidad que se vive el departamento del Quindío. Además, porque tenemos unos representantes a la cámara que no han hecho nada por la región.  Estará muy aburrido Atilano al perder la alcaldía con su candidata Correal. Ingenuo pueda que sea  porque no creo que se preocupe mucho el tipo por su derrota electoral, él también es amigo de José Manuel Ríos. Luciano Grisales, el ambientalista reencauchado, lo perdió todo. Su poder político ha comenzado a decaer. Y Digo Javier Osorio, el medio uribista,  tendrá que ir buscando la forma de hacer nombrar como capellán de la presidencia de la República, en la Casa de Nariño, a Carlos Eduardo Osorio Buriticá, porque no creo que en ninguna iglesia del Quindío lo reciban. 

Que no comenta error el obispo Carlos Arturo Quintero de volver a recibir al promotor del aguacate hass en sus iglesias. No saben ustedes todo el daño que dejó su hijo descarriado durante estos cuatro años de desastre de gobierno.   

Se reirá Osorio Buriticá de lo apuntado. Y tiene toda la razón en ello. Su risa de diablo vestido de sotana reflejará comodidad y nada le afectará de lo que pueda ocurrir políticamente de aquí en adelante. Volverá a la fundación Shambalá. Gozará de la riqueza que ellos han acumulado en estos cuatro años de contratos. Preocupado debe de estar Darío Ospina porque lo van a desbancar de su puesto. Pero entre curas se entienden. Allá ellos.    

El municipio de Montenegro, con su alcalde saliente, Álvaro Hernández Gutiérrez, pueden tener la seguridad de que las cosas se hicieron bien. Había dicho todo lo contrario de su administración. Cometí el error de apresurar en ello sin haber estudiado otros aspectos de gobierno que me llevaron a construir un juicio positivo del gobierno de Hernández. Y si va a estar en el gabinete de poder departamental, Roberto Jairo Jaramillo ha tomado una sabia decisión.   

De todas maneras, los años que vienen serán muy difíciles para el Quindío. Ni el gobernador electo, ni los alcaldes podrán cumplir con sus promesas de gobierno. 

Y después de la fiesta: “…vuelve pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”—Serrat—. 

“Cometí el error de apresurar en ello sin haber estudiado otros aspectos de gobierno que me llevaron a construir un juicio positivo del gobierno de Hernández”.


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