Opinión / ABR 01 2020

¿Y el arte ahora para qué sirve?

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Dijo Picasso que los artistas eran receptáculos de emociones y vehículos de transformación de estas. Nuestros estados de ánimo son fundamentales a la hora de dirigir nuestro pensamiento y nuestra acción. 

Nos pueden paralizar o activar, ayudar a superarnos o facilitar que nos hundamos, especialmente si no somos capaces de gestionarlos de forma adecuada y, en este sentido, los artistas estamos más cercanos a lo que se siente en el ambiente, en nuestros cuerpos. Sí, soy sicóloga y tengo una maestría en neurociencia cognitiva, pero primero y antes que nada lo que más me ha aportado para saber vivir y ser feliz es que soy artista plástica.

Las emociones son vitales para todas las disciplinas artísticas, desde la pintura hasta la escultura, la música, el cine, el teatro y demás artes. Para algunos artistas esto es un proceso inconsciente y lo perciben como algo automático o natural. No obstante, las habilidades de inteligencia emocional se pueden enseñar, practicar y desarrollar, de modo que todos podemos aprender a utilizar deliberadamente nuestras emociones como apoyo al proceso creativo, pero más importante aún, es que podemos usar el proceso creativo artístico como apoyo a nuestro desarrollo emocional, y como herramienta para enfrentar el estrés, la angustia y la incertidumbre.

El contacto con el arte, tanto desde el punto de vista de su apreciación como de su creación, puede ser una poderosa herramienta de enseñanza para mejorar las habilidades de inteligencia emocional y la creatividad en nuestra vida cotidiana y profesional. Este hecho, aunque validado por Harvard y toda clase de estudios sobre desarrollo humano desde la infancia y hasta la adultez, nuestras sociedades se empecinan en ignorarlo reiterativamente. Nos encontramos pues, con un número infinitamente creciente de personas que no saben expresarse, no saben decir qué sienten, qué necesitan, no saben crear algo nuevo, no saben expresar con palabras, formas o colores sus emociones, ideas, conceptos, anhelos. En resumen, no saben sentir.

¿Crees que no hay todavía argumentos para aprender a hacer arte e incluirlo en nuestra educación y en la manera de gestionar las emociones, los duelos, nuestras pesadillas, los fantasmas que nos agobian? Te cuento que el arte es la primera herramienta que tuvo el ser humano para poder construirse y reconstruirse desde el miedo al caos, para aprender a celebrar la vida. Olvidamos el arte, no es de extrañar entonces, que ahora las personas tengan el caos viviéndoles por dentro y estén básicamente sin saber qué hacer con él, qué sentir, ni cómo solucionar tanta emoción difícil y confusa.

Te voy a dar una consulta de arte-terapia gratis y de efecto inmediato: toma un papel, dibuja full negro tu miedo con todas tus ganas y bótalo a la basura solemnemente. Puede no ser la solución definitiva pero por allí se empieza.

 


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