Al descubierto / SEPTIEMBRE 30 DE 2020 / 1 mes antes

Carlos Fernando Pérez, un quimbayuno "˜de película'

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Carlos Fernando Pérez, un quimbayuno ‘de película’

Carlos Fernando Pérez fue coprotagonista de Gente de bien, donde estuvo junto con la actriz Alejandra Borrero y otros actores.

Ha estado en teatro, televisión y cine. 

Pocos en Quindío saben que el quimbayuno Carlos Fernando Pérez Prieto es un actor que se ha hecho a pulso, un hombre sencillo al que la vida lo ha ido llevando por los caminos en los que ha podido explorar sus potenciales artísticos y como coordinador de escenografías. En esos 2 roles ha forjado su experiencia fuera de su pueblo natal. 

Como actor fue coprotagonista junto con Alejandra Borrero de la película Gente de bien, dirigida por Franco Lolli. También tuvo algunos papeles en teatro y televisión. Estuvo liderando el montaje de escenarios en el Festival Iberoamericano de Teatro bajo el mando de la extinta Fanny Mikey, lo mismo hizo en programas como De pies a cabeza, Sábados felices, Pasiones secretas, La otra mitad del sol, entre otras. 

Su vida ha estado impregnada de las artes escénicas. Este artista quindiano, que estuvo en el Festival de Cannes gracias a su papel en Gente de bien, dialogó con LA CRÓNICA.

 

¿Cómo terminó siendo actor? 

Hace muchos años me presenté en la Universidad Nacional para estudiar pintura. Un examen de conocimiento general lo pasé ocupando los primeros puestos. También saqué buen puntaje en el área específica. Además, tuve una prueba práctica y me sentí bien porque había hecho pintura siendo adolescente. Resulta que en ese momento me tocó con un señor de edad, que no sabía que era el decano y tuve una discusión con él y me anuló el examen porque hice una propuesta distinta a la planteada. Mi otra electiva era el diseño industrial y la acepté, pero no me acomodé muy bien ahí. No estuve muy a gusto y me retiré a mitad de la carrera. Había hecho muchas amistades en la facultad de ciencias humanas y eso me hizo bastante bien, llegaba a las tertulias, a los conversatorios y en una de esas conocí a Alfonso Ortiz, quien era el director del grupo de teatro del mismo centro de estudios. Empecé a ir a los ensayos y a verlos a escondidas y me fascinó ese mundo, todo lo que hacían y los ejercicios previos de calentamiento. De tanto ir mi presencia no pasó desapercibida y Alfonso me preguntó que yo qué hacía siempre ahí de espectador y tan callado. Le respondí que estaba encantado viéndolos y que quería estar con ellos. Él me dijo que la convocatoria estaba cerrada y que no podía admitirme como público siempre. Le propuse que me dejara estar allí que yo le ayudaba con la escenografía porque estaba estudiando diseño industrial y él aceptó. Ese fue mi inicio en el mundo del teatro, recuerdo que estaban montando una obra que se llamaba Los inquilinos de la vida. El diseño industrial me abrió las puertas del teatro, pero en la escenografía. 

 

¿Cómo llegó a coordinar la escenografía del Festival de Teatro Iberoamericano? 

Tuve una sociedad en la que monté un taller de publicidad por mi afinidad con el dibujo, entonces hacíamos propaganda en exteriores. Un día salimos a pintar los escudos del Festival de Teatro Iberoamericano, que eran 2 caras de perfil, una sonriente y la otra triste, en un paraje bastante grande del teatro municipal Jorge Eliécer Gaitán. Las hicimos en unas vallas y nos tocó instalarlas. Estuve presente y fui con unas personas que me ayudaron. Sobre la fachada del mismo teatro había que instalar unas, y otras en el plaza Bolívar y en otros puntos de Bogotá. En esas me encontré con Fanny Mikey y me preguntó que yo para qué empresa laboraba y le conté que me habían contratado para instalar esas vallas. En ese momento me hizo la propuesta de que trabajara para el festival instalando una serie de cosas y yo accedí. Fue mi primer encuentro con el festival. Por mucho tiempo estuve ahí con otras personas que eran muy buenas para hacer tramoyas y siguen vigentes con una empresa que trabaja para medios audiovisuales. Varias personas empezamos a laborar detrás de la escena atendiendo y acompañando a grupos extranjeros de compañías muy grandes. Estando ahí recibí formación porque el Festival Iberoamericano también tiene una escuela, entonces hice talleres de clown, del espacio técnico, recibí seminarios y charlas de diversos temas. Además, fui contratado para adecuar escenografías que venían del otro lado del mar, pero que al presentarlas acá el teatro era más pequeño y había que hacer ajustes para que la iluminación, el sonido y todos los componentes quedaran perfectos. 

 

¿Quién lo formó para trabajar en el cine? 

He estado yendo y viniendo en el teatro, el cine y la televisión desde la parte técnica, el detrás de cámaras. Tuve una experiencia en cine con Jaime Osorio, con quien fui parte de su equipo de arte, que era el mismo de Confesiones a Laura, que ha sido una de las películas más galardonadas del cine nacional. Él ha sido director y productor ejecutivo. 

Mi inicio en el mundo del arte para el cine fue con Jaime Osorio, porque con él aprendí muchísimo, fue una escuela que me marcó porque era un director que no gritaba, que era sumamente tranquilo, tenía sus momentos de ser fuerte, pero en el set decía que nada de estrés ni de nervios, era una de sus premisas, o decía: “Aquí el que le busque problema al otro se van los dos”. Recuerdo eso de manera muy grata porque el tipo era muy enérgico a la hora de decirlo.  

Vea también; Rocío Hernández, el ángel de la población vulnerable en Quimbaya

 

¿Cómo llegó a actuar en la película Gente de bien? 

Tuve unos talleres de escenografía y con el último se me presentó un inconveniente con una contratación y aseguré ese trabajo porque era de más de $200.000.000.  La cláusula de cumplimiento no se dio y era una contratación con el Estado para hacer una gran escenografía y eso se cayó. Quedé prácticamente en la calle después de tener mi apartamento en Bogotá, tuve una separación casi al tiempo. Lo cierto es que fue un periodo complejo y en ese tránsito fue que llegó Gente de bien. Andando por las calles de La Candelaria me encontré con una amiga que me dijo que en la Casa de la Concordia estaban haciendo un casting para una película. Usted que ha estado en obras, ¿por qué no se presenta allá a ver si le dan trabajo?  Al ir, vi jóvenes y pensé que era un trabajo universitario. Entré allá y muchos de los actores sacaron cámaras celulares y empecé a jugar con ellos, a hacerles muecas y a actuar. Me llevaron a donde el jefe de casting y quedé seleccionado después de varias entrevistas.



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net