Al descubierto / ABRIL 18 DE 2018 / 3 años antes

Carlos Vieira, un antioqueño que dibuja en el Quindío

Carlos Vieira,  un antioqueño que dibuja en el Quindío

Carlos Vieira, artista antioqueño enamorado del Quindío, tiene actualmente una exposición en la casa de la cultura de Circasia.

El pintor, reconocido por su trabajo en el Metro de Medellín, está desde hace tres años en la región, donde trabaja con un proyecto denominado CasaArte.

Carlos Vieira es un pintor oriundo de Medellín reconocido por su trabajo en el metro de la capital antioqueña, en el que retrató personajes de la literatura y el mundo. Está radicado en el Quindío desde hace tres años, en donde tiene un proyecto denominado CasaArte. Durante muchos años transitó en la música como guitarrista, así conoció el departamento y se quedó. 

Hace poco inauguró la exposición Humano - equino, en la casa de la cultura de Circasia, en donde estará hasta mediados de mayo.
 

¿Desde hace cuánto dibuja?

Dibujo desde pequeño, pero lo retomé como mi profesión desde hace unos 12 años, porque me separé de la cantante con la que me presentaba, entonces llegó la gran pregunta, yo qué voy a hacer, y volví a la pintura y me metí de lleno.

¿Qué técnica utiliza?

Pinto sobre óleo, manejo mucho el dibujo. También sobre baldosa con óxidos minerales, que se mete al horno a mil grados de temperatura, ese trabajo lo garantizo de por vida, así esté al sol y al agua. 

¿Cuáles son sus trabajos en el Metro de Medellín?

En el Metro de Medellín tengo cuatro murales grandes. El primero fue uno de León de Greiff en la estación Acevedo, el segundo de Porfirio Barba Jacob en la estación Universidad, y los otros dos son en  la estación Juan XXIII, en el Metrocable, un mural del papa Juan XXIII y uno que se llama Video de barrio, que es el más grande, 23 metros. 

¿Cómo se dio ese acercamiento al arte y especialmente a la pintura?

Me gustaba, y soy oriundo de una familia de un nivel cultural importante, donde se escuchaba música, mi mamá tocaba el piano, había una relación general con el arte, ella fue la que al ver mi interés me llevó a un taller para dibujar, con el acuarelista antioqueño León Posada. 

Esto fue cuando tenía unos 14 años, después me dediqué a la guitarra, a los 18 años de edad estudiaba economía en la universidad de Antioquia y con tanto paro, sin nada más por hacer, un día cogí la guitarra y me agarró, entonces me fui a Uruguay a estudiar guitarra, pero también ingresé a aprender pintura con el maestro Guillermo Fernández, que me cambió la vida. 

Porque profesores pueden ser muchos, pero maestros muy pocos, y él lo era. Me explicaba a profundidad cuál era el sentido del asunto, el que trasmite esto es un maestro.

¿Cómo llegó al Quindío?

Cuando volví de Uruguay me casé con una cantante e hice música popular y así conocí el Quindío y me enamoré de esta tierra. Ahora estoy casado con Astrid, ella es pensionada y actualmente se dedica a los vitrales. Quisimos salir de la ciudad —Medellín— y volvimos al Quindío y vivimos en la vereda Barcelona Baja de Circasia. Tenemos un proyecto muy bonito llamado CasaArte. 

¿Qué es CasaArte?

Es una casa de arte, porque vas a casarte con algo que te gusta hacer. Tenemos muchos trabajos, el lugar está lleno de estos, mi esposa y sus vitrales. Laboramos en la vereda con las señoras, trabajamos artesanía, culinaria, ella también tiene con otros dos vecinos un grupo de teatro con los chicos. De igual forma yo convoco a los locales para trabajar en la carretera. En fin, vinimos a echar raíces en el Quindío. 

¿En qué se inspira para pintar?

A mí siempre me ha preocupado mucho el ser humano, cuando hacía música de protesta o canción social, montábamos canciones con letras que dijeran algo que nos gustara, no por hacer música. Digo que cuando me dediqué a pintar, pasaba lo mismo, me decidí por el retrato, para mí es un reto hacerlo, busco que se refleje la personalidad y lo que más se pueda de la persona. 

¿Qué trabajos puede resaltar en ese estilo?

Tengo uno llamado Etnia y en esa exposición yo decía algo más o menos como: seres blancos, negros, amarillos, pequeños y grandes, y en todos descubres el mismo palpitar de vida, la misma esperanza, el mismo forjar, el ayer y la búsqueda del futuro. Todos somos iguales.

Otro fue Arte y letra, donde todos eran escritores, también una llamada Qué te dice mi mirada y después Incórpore, ya luego llegó el proyecto de CasaArte y fueron dos años que no trabajé en pintura. 

En la exposición actual convergen humanos con equinos, ¿por qué?  

El caballo siempre me gustó como un tema de la pintura, pero nunca lo había expuesto. Así que me pareció que este era el momento de sacarlo. 

Viene de una región donde el movimiento cultural tiene un auge importante, ¿cómo ve ese proceso en el Quindío?

En los tres años que llevo, año y medio me la pasé encerrado, pero de lo que sé, puedo decir, por ejemplo, que he escuchado de un taller al que va mi esposa que se llama Relata, fabuloso, yo voy a exposiciones, me relaciono con María Cristina la del Maqui. No tiene el movimiento de Medellín, pero hay actividades y gente muy linda en la cultura. 

 

Lily Dayana Restrepo 
LA CRÓNICA





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