Al descubierto / JUNIO 24 DE 2021 / 1 mes antes

Eduardo Ramírez, uno de los 3 hermanos cafeteros de Buenos Aires

Autor : Catalina Toro Romero

Eduardo Ramírez, uno de los 3 hermanos cafeteros de Buenos Aires

Mantienen un legado generacional a través de la taza. 

De cafetales y Marcos verdes a una ruta turística rural en Salento, este es el proyecto de Wilder Eduardo Ramírez Pineda y sus 2 hermanos, una familia quindiana que ha heredado la tradición cafetera de 5 generaciones. 

Creció en medio de cafetos,  ¿Cuándo trazaron esa su labor como emprendimiento? 

Pues inicialmente, no fue mi primer propósito dedicarme a esto. Estudié derecho, además soy agente de tránsito con énfasis en criminalística, pero ninguna de esas actividades ejerzo en el momento; hace 3 años me enfoqué en el turismo, luego de ver en el café, que ha hecho parte de nuestra familia durante tantos años, una oportunidad empresarial. Iniciamos con un proceso de exportación y luego decidimos acercar a los visitantes a conocer de primera mano todo lo relacionado con la producción. 

¿Cuál fue la transformación para convertir su finca en punto turístico cafetero? 

Se iniciaron unos pequeños arreglos en la casita, fueron adecuados algunos senderos y unos miradores para optimizar el lugar, además nos capacitamos como empresarios y a nuestros colaboradores. Las redes sociales han sido nuestras aliadas para contar y  compartir la experiencia de este sitio.

Habla con orgullo de su familia y el conocimiento ancestral, ¿Hacen parte activa de este proyecto? 

La familia es la semilla, mis antepasados fueron netamente cafeteros, desde abuelos y tatarabuelos, así que esta generación adoptó ese conocimiento y junto a mis hermanos nos hemos enfocado en sacar adelante y contar a todos este proceso. Incluso cuando los guías y colaboradores no están para dar el recorrido o explicación, es mi familia la que acompaña y lidera. 

Hay cientos de propuestas turísticas en el Quindío, ¿La gente sí se interesa por hacer esta visita o recorrido? 

Pues un día convoqué a mis  hermanos y los invité a intentarlo. Hemos aprendido en el proceso, hasta antes de la pandemia vimos excelentes resultados y una gran acogida por parte de los visitantes. Hemos involucrado todos nuestros conocimientos, uno de mis hermanos es administrador,  el otro es ingeniero agroindustrial y casa disciplina se ha aplicado en este proyecto. Así que con el tour, la muestra de barismo y la tienda de café hemos captado la atención de mucho público; en pandemia nos sumamos a la palabra de moda ‘Reinventarse’ y con esta dinámica combinada estamos recuperando ese resultado. 

Han descrito este lugar con magia. ¿A qué se debe esa esencia? 

Su nombre lo dice, ‘Buenos Aires’. Se respira pureza, energía positiva, un espacio encantador y todas las personas que descubren este sitio no solo se deleitan con el  sabor de la taza, también con el entorno. Aquí pueden recorrer mirador, finca y senderos; nuestra satisfacción es ver la emoción de la gente al aprender y acercarse al recorrido cafetero. 

De la ruta cafetera, que conoce de memoria ¿Cuál es su parte preferida? 

La preparación. En el final es donde se junta todo el camino que ha recorrido el fruto para llegar al paladar, es como un ritual mágico en el que todos se sorprenden y deleitan. 

Empleo, reconocimiento cultural, enriquecimiento brutal y activación económica, son las prioridades de Eduardo con su proyecto en La Finca Buenos Aires, en Salento. Asegura que las siguientes generaciones de su familia, con sus sobrinos, se han interesado en enriquecer este proyecto y espera perpetuarlo por muchos años más. 




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