Al descubierto / SEPTIEMBRE 28 DE 2020 / 1 mes antes

El centro de Armenia se reinventa con sus rostros multicolores nocturnos

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

El centro de Armenia se reinventa con sus rostros multicolores nocturnos

Parejas paseando, ventas informales que se activan y círculos sociales que renacen, mientras los nómadas del asfalto escarban entre los desechos. Foto : LA CRÓNICA

El corazón de la ‘Ciudad Milagro’ tiene otra piel cuando el sol se oculta tras la flexibilización de la cuarentena.

Después de una prolongada cuarentena, que había dejado las calles del centro de Armenia solas, el regreso a una nueva y aparente normalidad propicia dinámicas sociales que muestran que mucha gente estaba ávida de reencontrarse con sus grupos cercanos para departir. Los sitios aptos para tal fin se van copando paulatinamente de visitantes en las noches, cuando ‘la diversión’ apenas comienza.  

Sin embargo, algunas almas vivientes de la ‘Ciudad Milagro’ se abstienen de integrarse al mundo social de forma presencial. No lo hacen por temor a caer en las garras de una pandemia que actúa como los espíritus: no se ve, pero muchos sí la sienten. 

Lo anterior podría explicar el hecho de que algunos puntos del corazón de la capital quindiana se vean tan vivos como las personas que se atreven a ocuparlos y que otros estén como un desierto, pero cuyos dueños aspiran a tenerlos tan poblados como la  playa. 

Ronda en el ambiente la dicotomía de siempre: cuidar la salud con el peligro de morirse de hambre y de ser víctima de un angustiante aislamiento que carcome el alma, daña planes y relaciones, u optar por salir al ruedo normal de la vida y al mejor estilo de un torero: sacar valentía para palpar qué tan bravo está el toro, que en este caso es el virus, y evidenciar cómo va a ser la corrida.  

Para leer: Francis, el mariachi que une corazones distanciados con sus cantos

Serenata de paisajes 

Son las 9:10 p. m. del jueves 24 de septiembre de 2020. Por el sector de la famosa zona de los mariachis, los habitantes de calle van y vienen buscando restos de comida entre las basuras. 

La vida nocturna ha vuelto al centro de la ciudad y una muestra de ello es que las trompetas de los charros mexicanos, que estaban silenciadas por la pandemia, se escuchan de nuevo, como anunciando el goce del renacimiento. Se ven mariachis reunidos empacando los instrumentos en vehículos para llevar sus serenatas a cualquier rincón donde el milagrito de una contratación les llegue con la misma facilidad que aparecen sus notas musicales. Por sus caras sonrientes, se les nota que para esta jornada van a alegrar corazones con sus cantos, y con sus ganancias van a poder llevar el pan a sus hogares. En la zona hay una panadería y varios negocios de comida rápida abiertos, quizás, porque lo que la gente tiene es hambre… de libertad, de distracción y de que todo vuelva a ser como antes. 

Al llegar al parque Sucre, solo hay unas cuantas parejas. Charlan bajo el silencio y la oscuridad, mientras los frondosos árboles parecen arroparlas. Por su lado pasan algunas personas que a esa hora sacan a sus mascotas a hacer sus ‘gracias’: corren, como locos por la carrera 14, como si el mundo se fuera acabar. 

El reloj marca las 10 p. m. y en la plaza Bolívar de Armenia 4 adultos mayores charlan sentados enfrente de la catedral La Inmaculada Concepción. Los nómadas del asfalto pasan por este sector ‘olfateando’ lo que otros dejaron por allí botado y mientras escarban las basuras, desde un balcón resuena, como música de fondo que encaja como anillo al dedo, el fragmento vallenato: “Muchas gracias por brindarme nada, ahí nos veremos de nuevo”. La frase musical pareciera ser una respuesta de ese pobre ser humano a los mismos desechos que no le dieron nada bueno. Por lo visto, él no es el único habitante de calle que ha revolcado las basuras de la zona, muchos lo han hecho porque lo que para la mayoría son sobras, para ellos son alimentos, aunque para el entorno sea desorden y cochinada. Ellos, como los gobernantes de Armenia, aportan su granito de arena para que la ciudad huela y se vea fea. 

A los costados de la plaza Bolívar se ven pequeños puestos de vendedores ambulantes de tintos y dulces. Muchos de ellos son venezolanos y alrededor de sus negocios se juntan pequeños grupos que debaten sobre política, hablan de sus vidas y hasta desahogan las preocupaciones que los embargan. 

 

Presencias y ausencias 

Un par de travestis, quienes al parecer andan de ‘rebusque’, se detienen a comprar un café en medio de una breve pausa para seguir con la pasarela improvisada que venían haciendo. La vida social ha vuelto y al verlos a ellos y a las trabajadoras sexuales que frecuentan los alrededores del Centro Administrativo Municipal, CAM, se nota que la profesión más antigua del mundo también reactivó su economía en este pedacito de cielo olvidado. 

De los tumultos de gente que en el día se ven en esa zona, solo queda un ‘escobita’ que barre, mientras 2 hombres acompañan sus soledades jugando parqués y una pareja camina muy cerca de la sede de la alcaldía. Ese punto está tan desierto que cualquiera que lo recorra podría ser sospechoso de portar el virus de la delincuencia. Pero la pareja y los jugadores dan la sensación de estar vacunados contra ese mal. Por fortuna, porque por allí no se ve un solo policía y quien cuidada en las noches ahora monta guardia, pero en la otra vida, pues el pasado 17 de septiembre, el vigilante del sector, Óscar Ovidio López Ramírez, perdió el control de su bicicleta en el barrio La Mariela y sufrió un fatal accidente. Su ausencia la sienten aquellos que conocieron su valentía, su nobleza y su disciplina para cuidar.  

Al volver a pasar por el parque Sucre las parejas se han ido y su lugar ha sido ocupado por una extraña mujer antes deambulaba por distintos sectores del centro. Ahora está sentada en una esquina llorando y de repente grita desesperada una y otra vez: ¡Por favor ayúdenme que me voy a enloquecer! Esa parece ser la súplica de Armenia que, como le pasa a ella, no tiene dolientes.  

 



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