Al descubierto / SEPTIEMBRE 10 DE 2021 / 1 mes antes

El Roble, 43 años de servicio y tradición

Autor : Alejandra Vergara

El Roble, 43 años de servicio y tradición

Gustavo Zuluaga y Edelmira Gómez, fundadores del restaurante El Roble.

Don Gustavo y doña Edelmira empezaron con un sueño que ha crecido al igual que su amor.

El restaurante El Roble es el resultado del compromiso y entrega de sus fundadores: Gustavo Zuluaga García y Edelmira Gómez de Zuluaga, 2 quindianos enamorados de la cocina tradicional de la tierra cafetera.

La Crónica habló con don Gustavo Zuluaga Gómez, uno de los 3 herederos de este legado gastronómico marcado por platos como los tamales, fríjoles, mondongo y chorizos cocidos, siendo estos últimos la semilla que rindió el fruto de este lugar.

¿Qué nos puede decir de doña Edelmira y don Gustavo, los fundadores de El Roble?

Yo a mis padres los puedo describir en 2 palabras: dulzura y servicio; tienen un don de gente que ha marcado no solo la herencia familiar, sino todo un recorrido por la vereda El Roble, a donde llegaron hace muchos años.

La familia Zuluaga Gómez se unió hace 55 años y como fruto de ese amor nacimos 3 hijos: Yolanda, Hernando y Gustavo. Bajo el liderazgo y ejemplo de una pareja campesina: mi padre tiene ascendencia del municipio de Santuario en Antioquia, pero se radicó en Quimbaya en la vereda Santa Rita cuando se producía panela artesanal, mientras que la familia de mi madre es de Montenegro, de la zona de Pueblo Tapao–Once Casas.

Ellos se conocieron en una finca donde mi papá era mayordomo, porque él trabajó como administrador en varias fincas del Quindío; pero también tuvo un bar en Cali, ya que muchos de mis tíos  y de mi familia paterna se radicaron en la capital del Valle del Cauca.

Luego se dio la oportunidad de venir a la zona de la vereda El Roble y tenían una tierrita, junto con una hermana de mi padre, y durante ese cambio él fue mesero de La Peña Taurina —un lugar ubicado en los bajos del hotel Maitamá que hace parte de la historia de Armenia y que era el sitio de remates de las corridas— y también fue mesero del Club Campestre, en ese trasegar surgió la necesidad de una independencia y decidió apostarle a la cocina.

Empezó a trabajar el arte de la preparación de carne de cerdo y la venta de la misma, eso fue en el año 1972 y se extendió hasta el año 1978, cuando empezó el restaurante, con el apoyo de un cuñado de mi padre, vivían en una casita que quedaba atrás de donde está actualmente el restaurante Los Robles.

Él llegó a esa vereda y se convirtió en un líder cívico, le gustaba mucho colaborar, ayudar a la gente, siempre ha estado muy guiado por el don de servicio.

El paso de mi familia por la vereda marcó la historia de la comunidad, por el liderazgo de mi padre, caracterizado por la disposición para hacer las cosas, allá siempre cooperaron para celebrarles a los niños las fechas especiales como el día de los niños y la entrega de los aguinaldos; además, estando allá, junto con otros amigos hicieron el acueducto rural de la vereda.

¿Cómo empieza este restaurante?

Todo inició con una mesita tipo toldo, como las que usaban para los mercados en las plazas de las poblaciones hace 50 años; ese toldo lo instalaron en una fonda ubicada en el alto del Roble, en ese momento la vía pasaba por ahí y era la ruta que conectaba a Armenia con Pereira, y no había atractivos turísticos de gran renombre en la región, se hablaba especialmente de los termales. 

Cuando empezaron solo vendían empanadas y chorizos, y para esa época, la carretera ni siquiera estaba pavimentada y luego de eso, se dio el desarrollo del peaje que quedaba donde ahora se ubica el restaurante Balcón del Quindío.

El negocio de mis padres fue la primera venta de carne de cerdo en la vía y adicionaron también la venta de morcilla, todo era una receta familiar, de tías y de la abuela; además, los tíos y los cuñados empezaron a ayudarles a trabajar y el restaurante empezó a crecer y mi papá hizo un andén e instaló una carpa, y se fue posicionando, así que incluyeron platos diferentes y la demanda fue creciendo.

¿Cómo fue el cambio de ubicación del restaurante?

Entre los años 1993 y 1994, llegó la notificación de la autopista del Café de la construcción de la vía y la necesidad de comprar predios aledaños a la margen de la calzada, y se dio paso a la negociación de los predios, los cuales tenían que desocuparse en un lapso de 2 años. Antes nos ubicábamos frente a la escuela de la vereda donde estuvimos 19 años con el restaurante, pero, debido al posicionamiento del restaurante y la necesidad de trasladarnos, la autopista del Café nos dio un recurso.

El lugar donde estamos actualmente, a principios de los 90 fue adquirido por un señor Agustín Pérez, un santandereano que vivió acá en una finca y vivía a la antigua, entonces se vio la oportunidad de comprar; y con lo que pagó la autopista del Café y un préstamo que hicimos, empezamos con algo pequeño. Así, entre los años 1994 y 1996 dimos paso a un plan piloto, una minicocina, una caja registradora y un mostrador para vender productos y unas 8 mesitas y se abrió en 1997 en esta nueva ubicación.

Recomendado: Alicia Jaramillo: la primera dama rosada del Quindío

¿Ha sido una iniciativa con sello familiar?

Mi mamá ahora tiene 74 años, pero siempre ha sido la mano derecha, el apoyo laboral, por ejemplo, la receta de los chorizos cocidos es propia, son diferentes a los santarrosanos, entonces tienen como su sello personal; el queso también es una receta de una tía de ella, la tía Emma que le enseñó a hacer el queso cuajado muy diferente, más arenoso y que es algo que realmente nos representa como familia.

Mi mamá fue ama de casa, pero digamos que en el restaurante, ella fue la que estuvo al frente de las recetas, pendiente de cómo hacer las cosas en la cocina, siempre fue la líder en el tema de las preparaciones, los fríjoles, el mondongo, los tamales, la mazamorra y ya los otros platos se fueron desarrollando por solicitud de los clientes —las carnes, las chuletas, los pescados— allá era muy parcial la carta, no era tan moderna ni tan amplia como es hoy en día, y en ese proceso de desarrollar más platos nos demoramos como 10 años.

El Roble se caracteriza por la abundancia en sus platos ¿A qué se debe?

Eso tiene una respuesta directa y es el referente que dejan los conductores o bien conocidos camioneros, ellos eran nuestro público inicial porque realmente no había turismo, ni auge del Quindío. Pero ellos se encargaron de marcar el norte del restaurante, porque donde hay un camionero hay buena comida, ellos son un buen termómetro frente a la buena calidad y buena cantidad.

¿Cuál es el legado o herencia de la familia Zuluaga Gómez?

A mis padres toda la vida les ha gustado tratar bien a los caminantes, son personas muy serviciales con los camioneros; por ejemplo, el año pasado con el éxodo de los venezolanos, siempre que pasaban les dábamos algo, porque el mayor legado que nos han dejado nuestros padres es el don de servicio, el desapego de lo material para poder brindar una mano amiga al otro; y más que una herencia económica, ellos nos han enseñado durante todo este tiempo, la importancia de servir al otro.

Además, trabajamos para fortalecer las oportunidades locales, que las demás personas puedan surgir en sus negocios, apoyamos el mercado local —un 95 % de los insumos de El Roble son del Quindío y del Eje Cafetero—, nosotros vemos en este restaurante la oportunidad de poder aportar al Quindío y, además, conservar la tradición gastronómica que nos representa y nos hace reconocidos a nivel nacional e internacional.

 



COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

copy
© todos los derechos reservados
Powered by: Rhiss.net