Al descubierto / MAYO 18 DE 2020 / 1 mes antes

Encuentros con la muerte vestida de mil colores

Autor : Héctor Javier Barrera Palacio

Encuentros con la muerte vestida de mil colores

La Seccional de Investigación Criminal del Quindío cuenta con una moderna camioneta para movilizar cadáveres.

LA CRÓNICA presenta relatos y reflexiones en torno a la labor de un grupo de uniformados que a diario se topan con el final de la vida para mirarla a los ojos y hasta para vivir de ella. 

Aunque es el día del Trabajo, paradójicamente para los 2 agentes disponibles de la Policía Judicial en el Quindío, encargados de inspeccionar y de levantar cadáveres, esta jornada amaneció ‘muerta’. Apenas son los 8:40 de la mañana del 1 de mayo del 2020 y ellos permanecen tranquilos en su oficina de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, a la espera de cualquier alerta de sus colegas que patrullan los 12 municipios del departamento. 

Mientras estos servidores judiciales hacen labores de oficina en la sede de la Sijín, en cualquier rincón del Quindío la muerte podría tener marcada a su próxima víctima. No se sabe si para este día o para los venideros, pero sí se tiene certeza de que, como los gallinazos, la parca anda merodeando a sus presas y no descansa. Además, tampoco avisa el día ni la hora de su imprudente llegada. Ella siempre aparece, como las malas noticias: en el momento menos indicado. Para colmo de males, tiene el atrevimiento y la mala costumbre de frustrar muchos planes. Nadie está preparado para recibir su inesperada, inoportuna y dolorosa visita, esa que todos los seres humanos tenemos segura porque cada día vivido es un paso hacia ella. La encargada de ponerle el punto final a la existencia de las personas es misteriosa y muy impredecible: nadie sabe la forma cómo le llegará. 

Pero en cualquiera de sus variadas manifestaciones: violenta o accidental, infringida o con detonantes por establecer, una muerte en estos momentos podría avivar la cotidianidad de estos uniformados, que se han especializado en mirarla a la cara y hasta en tocarla para ayudar a armar el complejo rompecabezas que permite, mediante minuciosas pesquisas, identificar las circunstancias de tiempo, modo y lugar de un suceso de esta naturaleza y, en muchos casos, llegar a identificar a los autores materiales e intelectuales. 

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La COVID-19, reguladora de la muerte 

Por ahora, no se han presentado asesinatos, nadie ha puesto fin a su vida por voluntad propia ni han ocurrido accidentes de tránsito con muertos que ameriten la intervención de estos 2 agentes policiales, quienes están disponibles para inspeccionar cadáveres desde las 7 de la mañana del viernes hasta la misma hora del sábado. “La cuarentena ha ayudado a reducir los homicidios”, afirma el intendente Marco Antonio Valencia, jefe de criminalística de la Sijín de la Policía en esta parte del país, mientras está sentado en su oficina con un tapabocas negro que le cubre la mitad del rostro. El coronavirus ha logrado lo que ninguna política pública de seguridad orquestada por algún gobernante ha podido: mantener quietos a los criminales o, por lo menos, diezmados en su acciones. 

Según el área de comunicaciones estratégicas de la Policía del Quindío, del 25 de marzo del 2020, 5 días después de que se decretó la cuarentena obligatoria en Colombia, hasta el 2 de mayo del mismo año ocurrieron 8 homicidios, mientras que en ese mismo periodo del año pasado fueron 31, lo que indica que hubo una reducción de 23 asesinatos gracias a la COVID-19. 

En esas mismas fechas, pero en cuanto a suicidios, durante este año ocurrieron 2, mientras que el pasado fueron 5, por lo que 3 personas menos se quitaron la vida. 

Uno de los agentes encargados de inspeccionar cadáveres se atreve a lanzar una teoría al respecto: Los potenciales suicidas han estado acompañados durante este tiempo de aislamiento obligatorio y eso les ha dificultado materializar esa idea, que suele ejecutarse en medio de la más íntima y angustiante soledad. El coronavirus ha sido un regulador de la muerte en todas sus formas. 

Aunque las cifras evidencian que las muertes violentas han rebajado en el Quindío, los riesgos de contagio del coronavirus para los uniformados que se encargan de esas labores de inspeccionar cuerpos han aumentado, al igual que los protocolos para cuidarse durante los procedimientos. 

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´La pelona’ estuvo quieta, pero ellos la seguirán esperando 

Aunque por este tiempo es poco probable, si se llegara a presentar una contingencia de varias inspecciones simultáneas a cadáveres, la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, de la Policía del Quindío, cuenta con 3 grupos adicionales para apoyar esas labores. Sus integrantes están preparados para ejecutar trabajos de topografía, fotografía, dactiloscopia y manejo de documentos. Además, muchos de ellos son técnicos en automotores y antiexplosivos, detalla el intendente Valencia. 

Sin embargo, por muchos muertos que se llegaran a presentar, los representantes de la ley solo cuentan con una camioneta, modelo estadounidense, adecuada para movilizar cuatro cuerpos en igual número de bandejas. Este sofisticado vehículo, con el que el Estado colombiano dotó al departamento de Policía del Quindío en el 2014, cuenta con un refrigerador y un extractor de olores. La parte trasera de este automotor, donde guardan los occisos, como son llamados técnicamente, para movilizarlos, está separada de la cabina, en la que van los servidores judiciales, por una barrera de acero que impide que los penetrantes olores de cadáveres en avanzado estado de descomposición se filtren por sus fosas nasales y los contaminen, detalla el jefe de la mencionada unidad de la Sijín. 

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Aunque él lleva 10 años en esa labor, cuando estaba niño jamás soñó en Supía, Caldas, su pueblo natal, con ganarse la vida dirigiendo a un grupo que hoy inspecciona cadáveres. Muchos sueñan con ser doctores, ingenieros, médicos, sicólogos, abogados y muchas otras profesiones que dan estatus y dinero. Sin embargo, eso de tener a la muerte hasta en la sopa es una labor no deseada para nadie, pero cuando no queda más remedio que ejercerla, se requiere mística, vocación y en especial, respeto por la dignidad humana. Al fin de cuentas, alguien tiene que levantar a los muertos y unos mueren para que otros vivan. 

Son las 7 de la mañana del sábado 2 de mayo del 2020 y el turno para los agentes levanta cadáveres de la Sijín terminó en blanco. La muerte aplazó su festín en esta ocasión, pero todos saben que en cualquiera de las próximas jornadas podría atacar. En todo caso, ellos estarán como los scouts: siempre listos para manejarla, pero poco podrán hacer para detenerla. 



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